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La historia del árbol de 200 años que le dio nombre a un pueblo de Antioquia y hoy lucha por sobrevivir

Árbol caracolí centenario, último de su especie en este rincón del Magdalena Medio antioqueño, ha visto crecer a este pueblo que nació al lado del ferrocarril. Sobrevivió a dos siglos y a una borrasca histórica; hoy lo amenazan las plagas.

  • El árbol de caracolí es el que le da nombre a este municipio del Magdalena Medio. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    El árbol de caracolí es el que le da nombre a este municipio del Magdalena Medio. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • Estudiantes de un colegio de Medellín intentan rodear el frondoso árbol. En la imagen todavía “queda faltando” para capturar completamente todas sus ramas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    Estudiantes de un colegio de Medellín intentan rodear el frondoso árbol. En la imagen todavía “queda faltando” para capturar completamente todas sus ramas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • La zona cercana al árbol es un camino de herradura usado por los arrieros antaño, hoy sigue activo. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    La zona cercana al árbol es un camino de herradura usado por los arrieros antaño, hoy sigue activo. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • Algunos de los durmientes de madera de las vías del tren se hicieron con madera de caracolíes. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    Algunos de los durmientes de madera de las vías del tren se hicieron con madera de caracolíes. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • Parte del techo de la estación que sigue en pie, y que hoy es una dependencia municipal, también se habría labrado con esta madera. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    Parte del techo de la estación que sigue en pie, y que hoy es una dependencia municipal, también se habría labrado con esta madera. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • Algunos insectos han decidido usar el tronco y las ramas del árbol para anidar. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
    Algunos insectos han decidido usar el tronco y las ramas del árbol para anidar. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
  • La historia del árbol de 200 años que le dio nombre a un pueblo de Antioquia y hoy lucha por sobrevivir

A bordo de los tradicionales motorodillos, tras un breve recorrido por las antiguas vías del ferrocarril y una corta caminata, surge una silueta imponente: el histórico árbol de caracolí, el último gigante de la zona semiurbana con una historia fascinante que aún se escribe. Pese a su importancia en esta tierra de paz y gente amable, su vida está en riesgo. Por eso sus habitantes claman por salvarlo, pues la ruina lo asedia.



Este árbol —de tronco más bien liso, color claro, de semillas redondas y oscuras, y hojas en forma de “pera”— es todo un portento de la naturaleza. Según los registros que tiene la alcaldía, tras dos siglos de antigüedad hoy tiene una descomunal altura de 80 metros —es tan grande como un edificio de casi 10 pisos— y tiene un diámetro en su tronco de casi nueve metros. Es decir que prácticamente triplica las dimensiones de sus hermanos de la especie Anacardium Excelsum diseminados por el Valle de Aburrá.

El árbol se encuentra en un punto en el que convergen las veredas Sardinas de La Plata y El 62, y por donde también discurre la quebrada La Reina. Justo el día de la visita de EL COLOMBIANO, hasta allí llegó un grupo de estudiantes de un colegio de Medellín. Para darle la vuelta completa al tronco se necesitaron más de 12 niños unidos por sus manos, los cuales quedaron maravillados por sus dimensiones. Y ver un niño sorprendido en estos tiempos de sobre-estímulos y TikTok es otra proeza que hay que sumarle al caracolí de Caracolí.

Estudiantes de un colegio de Medellín intentan rodear el frondoso árbol. En la imagen todavía “queda faltando” para capturar completamente todas sus ramas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
Estudiantes de un colegio de Medellín intentan rodear el frondoso árbol. En la imagen todavía “queda faltando” para capturar completamente todas sus ramas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry

Historia ligada al transporte

Pero no solo dimensiones enormes tiene este peculiar caracolí. Su historia ligada al transporte y desarrollo del territorio es cuando menos un aliciente suficiente para que lo metan entre las páginas de los “personajes ilustres” del departamento.

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Y es que cuando se habla de las grandes gestas que han tenido lugar en Antioquia siempre se ensalzan los nombres y apellidos de sus artífices, pero rara vez los anaqueles mencionan los sacrificios de la naturaleza detrás de las efemérides de los libros de historia. ¿Se sabe cuántas mulas murieron despeñadas o de fatiga durante la Colonización Antioqueña? ¿O cuántos árboles se talaron para erigir el Puente de Occidente o los caseríos que luego se volvieron las ciudades que pululan en el departamento? Hoy, por fortuna, podemos hacer un poco de justicia narrando la historia de este árbol que por más de 200 años ha sido uno de los protagonistas de ese municipio que tiene el mérito de haberse consagrado como la unión entre el Nordeste y el Magdalena Medio en esa hazaña que fue la construcción el Ferrocarril de Antioquia.

La zona cercana al árbol es un camino de herradura usado por los arrieros antaño, hoy sigue activo. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
La zona cercana al árbol es un camino de herradura usado por los arrieros antaño, hoy sigue activo. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry



Según detalló Juliana Márquez Jaramillo, secretaria de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente del municipio, en la historia comentada de generación en generación en Caracolí no quedó registro de si el árbol es nativo o si fue diseminado por la tribu de los tahamíes, los primeros pobladores de la zona.

Lo que sí ha perdurado es que desde la época de los arrieros el enorme árbol era un punto de referencia para los baquianos que buscaban llegar desde el Oriente y el Aburrá hacia el río Magdalena con las recuas de mulas cargadas de mercancía.



“Por ser un árbol frondoso y estar luego de la pendiente del Alto de La Reina, los arrieros se encontraban acá para descansar, aprovechando que por acá también pasa la quebrada La Reina. Entonces ellos decían, 'nos encontramos en el Caracolí' haciendo referencia a este punto”, dice Márquez.

Algunos registros apoyan esta teoría e incluso señalan que había una fonda arriera al lado del caracolí que se llamaba San Felipe de las Barajas, no en homenaje del aguerrido castillo cartagenero, sino porque allí los arrieros (como buenos tahúres) se jugaban sus jornales en juegos de azar como las barajas.

Otro dato que refuerza esta idea está en la semblanza al empresario Gabriel Ángel, hecha en este diario en noviembre de 1968. En ella se comentó que a principios del siglo XX el magnate enviaba recuas de mulas desde el Aburrá y el Oriente cargadas de maíz, café y frijol hasta el poblado de Caracolí para allí alcanzar la vía férrea al Magdalena que las sacaría al exterior.

Sobrevivió a los trenes

Pero no solo a caminos de herradura está ligada la historia del caracolí. Para 1872, gracias al esfuerzo de aguerridos pioneros como Rodolfo Ceballos y Alejandro Patiño, se fundó el caserío de Sardinas de La Plata. Para el 7 de agosto de 1897 se fundó en sus inmediaciones la estación Caracolí del Ferrocarril de Antioquia, nombrada así por la referencia que tenían los arrieros y la cantidad de estos árboles en la zona. Sin embargo, estos empezaron a mermar de manera considerable, pues la resistente y portentosa madera de esta especie sirvió para la vertiginosa construcción en pos del desarrollo ferroviario del caserío que, con su nuevo nombre de Caracolí, finalmente pasó a ser corregimiento del vecino San Roque en 1905.

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“Cuando se inicia la construcción del paso del ferrocarril por este municipio se usaron muchos de estos árboles para construir o reformar las estructuras. Incluso pensamos que parte del techo de la estación en el centro del municipio tiene madera de caracolíes”, anotó Márquez.

Algunos de los durmientes de madera de las vías del tren se hicieron con madera de caracolíes. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
Algunos de los durmientes de madera de las vías del tren se hicieron con madera de caracolíes. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry



Muy seguramente cientos de kilómetros de durmientes de los rieles del ferrocarril, en su unión entre Medellín y el Magdalena, se hicieron con la madera de los tatarabuelos del protagonista de esta historia. Y hasta vigas o polines de antiguas casas e iglesias caracoliseñas debieron de haberse compuesto de largueros hechos de árboles tan antiguos como el árbol que rodearon los 12 niños el miércoles pasado.

De hecho, una de las estructuras patrimoniales del municipio era el puente de El Socorro, el cual, según recordó el exalcalde Leoncio Cadavid, tenía maderas de caracolí en sus laterales y cubiertas. Infortunadamente la estructura se la llevó una borrasca a inicios de la década del 2000.

A raíz de tanta tala de árboles, el caracolí se volvió el sobreviviente más antiguo de su especie; presenció esos años de desarrollo ligados a las locomotoras que atravesaban el pueblo de camino hacia Medellín y Puerto Berrío.

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Hoy en día la relación de este caracolí con la conexión terrestre se mantiene, pues para poder llegar desde Medellín al centro del municipio sí o sí hay que pasar a su lado, hecho que sirve de referencia a los lugareños para avisar a familiares y amigos que ya están cerca de llegar al pueblo o para que los que retornan al municipio tras varios años recuerden sus raíces.

“Si hoy nos paramos acá al lado del árbol y miramos hacia cada uno de sus costados, estaremos muy cerca del camino de los arrieros que aún sirve para ir a algunas veredas; la carretera a Medellín; y lo que queda de la vía del ferrocarril. Este árbol es el punto alrededor del desarrollo vial del municipio”, cuenta Jazmín Henao, promotora turística de la Alcaldía.

El símbolo del pueblo

El árbol de caracolí es tan importante para la historia del municipio, erigido como tal oficialmente en 1963, que tiene hasta fiestas locales el 20 de julio, espacio en el escudo y estrofa en el himno municipal. “Tendido como velo en la hondonada, en verde valle fecundaste allí, ese gigante inspiró tu nombre, árbol frondoso del caracolí. Es tu signo árbol más esbelto, bello ramaje que su tronco abraza, son fuertes sus cimientos y es altivo, como somos los hijos de su raza”, reza el himno en honor a la planta.

Cabalgatas recreativas y celebraciones del Día del Árbol han tenido como punto de inicio o epicentro sus amplias raíces.



Es más, en la tradición oral del pueblo ha trascendido una peculiar historia que podría tener un significado de renacimiento del poblado ligado al árbol. Resulta que a mediados de la década de 1970 (posiblemente en 1973) hubo una creciente de la quebrada La Reina que alcanzó a llevarse dos enormes gajos del viejo caracolí. Por fortuna, la creciente no se llevó el árbol completo, porque si hubiera sido así, tal vez ni pueblo hubiera quedado. Sin embargo, según los lugareños, la borrasca dejó cerca del pueblo los ramales arrancados que eran tan grandes que su madera sirvió para reparar y recuperar parte de las casas afectadas por la inundación, suceso que habría marcado el resurgimiento del pueblo.

Parte del techo de la estación que sigue en pie, y que hoy es una dependencia municipal, también se habría labrado con esta madera. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
Parte del techo de la estación que sigue en pie, y que hoy es una dependencia municipal, también se habría labrado con esta madera. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry



Además, tras la pérdida del Ferrocarril de Antioquia después de los años 60, la economía de Caracolí perdió impulso, pero recientemente se ha venido recuperando gracias al auge que está teniendo el turismo allí; y en el que uno de sus principales atractivos es esta enorme planta.

Para Luis Fernando Valencia, director del proyecto turístico ReSelva, este ejemplar centenario es símbolo de la biodiversidad local, pero también un personaje que se puede apreciar como un “abuelo” que permite conectar la historia del territorio con la identidad cultural del municipio.

Valencia también destaca el impacto que generan estos árboles en quienes llegan a conocerlos. Cuenta que muchos visitantes se sorprenden al encontrarse frente a un ejemplar de estas dimensiones tan imponente. Añadió que ver la reacción de asombro de las personas es una de las experiencias más gratificantes de las visitas guiadas.

El caracolí de Caracolí volvió a echarse el pueblo al hombro.

Piden auxilio para salvarlo

Aparte de la borrasca, otro suceso que remarcó su fama como superviviente ocurrió en diciembre de 2009 cuando, tras una polémica decisión, varios de sus hermanos en el centro del municipio fueron talados por orden del alcalde de entonces. De esa poda masiva hoy solo quedaron dos caracolíes. Grandes sí, pero no tanto ni tan antiguos como nuestro personaje.

Además, en diferentes años el municipio ha hecho varios planes de resiembra de los caracolíes, pero en el área urbana pocos han pelechado, mientras que en la ruralidad sí se ven en algunas fincas privadas. Para verlos libres y salvajes —y tal vez hasta más grandes y robustos— toca adentrarse en la selva del Magdalena Medio, esa que recorrió el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros cuando por allá en 1875 comenzó sus travesías para trazar el recorrido del ferrocarril.

Pero como nada dura para siempre, la longevidad de este histórico árbol de caracolí estaría en riesgo, pues actualmente enfrenta varias problemáticas dada su antigüedad y la transformación de su entorno natural.

Algunos insectos han decidido usar el tronco y las ramas del árbol para anidar. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
Algunos insectos han decidido usar el tronco y las ramas del árbol para anidar. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry



Aparte del deterioro natural causado por el paso de los años, al árbol lo está afectando la presencia de epífitas y otras especies simbióticas e invasoras que han comenzado a afectar su salud. También se han identificado colmenas de insectos que se han alojado en el tronco y las ramas de la enorme planta.

A esto se suma su ubicación en la margen de la quebrada La Reina, lo que ha provocado procesos de socavación en el suelo y en sus raíces, situación que podría generar un eventual riesgo de colapso.

Para acabar de ajustar la administración municipal, dado su pequeño tamaño y escasez de recursos, no cuenta con un equipo técnico especializado ni con alianzas institucionales que permitan adelantar procesos de diagnóstico para conocer como está el árbol realmente.

Por ello, desde la administración hicieron un llamado a los entes ambientales públicos o privados, departamentales o nacionales, para garantizar la preservación de este patrimonio viviente.

La historia del árbol de 200 años que le dio nombre a un pueblo de Antioquia y hoy lucha por sobrevivir



“Necesitamos hacer estudios especializados para evaluar el estado del suelo, la capacidad de soporte de las raíces y la estabilidad estructural de sus ramas, para así saber qué labores de mantenimiento preventivo hay que hacerle”, detalló Márquez.

En Caracolí lanzan este llamado de auxilio para salvar su árbol insignia evitando que desaparezca por falta de atención, pues luego de tantos años se podría decir que prácticamente sin caracolí no hay pueblo; y sin un pueblo que se mueva a salvarlo, no hay caracolí. ¿Quién responderá al urgente llamado?

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