La espera terminó y la promesa se cumplió el mismo día, cuando Patricia Ércole, la actriz, saludó a las mujeres que la esperaban en Bolombolo.
"Yo vengo aquí también en condición de mujer que ha vivido cosas, de pronto diferentes... Y lo primero que vamos a trabajar es la relajación", dijo a las 20 mujeres que estuvieron con ella en la jornada de la tarde del taller Las bondades del cuerpo.
Patricia lo dicta en París (donde vive desde hace tres años) a las inmigrantes latinas que, al igual que ellas padecen dificultades económicas, violencia familiar y otros problemas sociales que se esconden detrás de sus generosas sonrisas. La idea es que a través de ciertos movimientos de danza se reconozcan a sí mismas y adquieran más confianza.
"No pretendo cambiarles la vida sino darles un poco de las bendiciones que puedo compartir con ellas", comentaba la artista bogotana, hija de la también actriz Raquel Ércole y del músico Lizardo Díaz (muy enfermo por estos días), bailarina desde los tres años y vegetariana desde los ocho. Una mujer que en persona se revela tranquila y muy espiritual.
¿Y cómo es que doña Hilda de la serie Sin tetas no hay paraíso termina en Bolombolo con una sudadera puesta y hablándoles de tú a tú a estas mujeres que nunca en su vida habían compartido tan de cerca con un famoso?
Todo se dio gracias a Consuelo Zuluaga de Echavarría, creadora de la Fundación Sueños por Colombia que desde 2001 brinda programas de desarrollo comunitario (capacitación, nutrición y otros) a la población más vulnerable de Bolombolo, muy afectada durante años por el accionar de los grupos armados.
Consuelo conoció a Patricia hace años en un evento social en Cartagena donde le habló de la Fundación y de la posibilidad de que viajara a este corregimiento de Venecia a dictar ese taller. Después de varios intentos fallidos debido las ocupaciones de la actriz cumplió su promesa.
Las mujeres, por supuesto, quedaron muy agradecidas. "Estos ejercicios estuvieron muy entretenidos, nos ayudaron a relajarnos y a despejar los problemas", comentó Liliana Sánchez, una ama de casa que gracias a Sueños por Colombia y el Sena se capacita con varias de sus compañeras para montar una panadería.
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