Se ha vuelto una inveterada costumbre que cada liberación unilateral de cautivos anunciada por las Farc, y más allá del regocijo natural de las familias por el regreso a casa de sus seres queridos, generen un inusitado optimismo en los sectores de opinión.
Es apenas obvio que estas liberaciones tienen un trasfondo politicomediático y aparece con renovados bríos la vieja premisa que se maneja a través de medios de comunicación que hoy más que ayer, hay condiciones suficientes para iniciar unos eventuales diálogos de paz, y hasta se dice con derroche de entusiasmo, que ahora sí es la vencida, y que la paz está cerca.
¡Qué entusiasmo, por Dios!
De verdad, que más allá de las liberaciones y en este renovado ambiente mediático de negociación y paz, sería bueno considerar: ¿el Estado Mayor Central de las Farc ha avalado el pronunciamiento reciente de Anncol? ¿Alias Alfonso Cano mantiene una estrategia de desinformación frente a un escenario de diálogo con el Gobierno? ¿El Gobierno y las Farc han variado sus posiciones ante una negociación política? ¿Cómo conciliar la invitación de Cano a "conversar", con sus disonantes anuncios de incrementar la guerra y reafirmarse en sus inamovibles? Y finalmente, ¿las partes están maduras para sentarse a negociar una paz definitiva?
Un diálogo útil para buscar la paz, necesita mínimo de dos y una firme voluntad política de sentarse y alcanzarla.
Es errado pretender construir escenarios de diálogos basados en liberaciones unilaterales de cautivos o mediante una bien orquestada "gesta humanitaria", fundada en una campaña de propaganda politicomediática de las Farc. Más bien, ¿no estaremos siendo recurrentes en eventos similares y errores del pasado?
El punto nodal no es otro que Cano precise de una vez por todas, hasta dónde quiere llegar, sin las evasivas de siempre.
Además, ¿las Farc sí están dispuestas a estructurar un proceso de diálogo y negociación definitiva?
Lo único claro es que no queremos repetir el modelo Caguán.
Más allá de la obligación única que les cabe a las Farc de liberar a todos los secuestrados y renunciar a esta práctica abominable, las liberaciones unilaterales a cuentagotas no pueden convertirse en un hecho político que comprometa al Gobierno para buscar un diálogo inmediato con la guerrilla, como tampoco es aceptable alguna presión política transitiva en ese sentido.
Las Farc no pueden desconocer el sentir de reconciliación de los colombianos. Pretender atribuir el no avance en la búsqueda de la paz al manido discurso de intereses oscuros o reticencia de los gobiernos de turno, no tiene presentación alguna.
Si verdaderamente se quiere la paz, hay que construirla con una indeclinable voluntad política y sin exigencias de claudicaciones, o rendiciones anticipadas.
No es exagerado que el Presidente Santos exija señales inequívocas, claras y contundentes de querer la paz. Ese es el reto para alias Alfonso Cano , que dé muestras de una vez por todas, que su liderazgo en las Farc es fundamental para transitar hacia un camino de paz.
Lo demás es la carreta revolucionaria de siempre. Sin ser aguafiestas, creo que la llave seguirá guardada un buen rato más.
PAUSA UNO: Un diálogo de paz requiere de menos incompatibilidades, más puntos de encuentro y, sobre todo, una buena dosis de confianza mutua.
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