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El arte de encontrarse en un Salón

Hoy es la inauguración del Salón Nacional de Artistas. Gran cita cultural

  • El arte de encontrarse en un Salón | La obra de Ernesto Neto en el Museo de Arte Moderno es una de las más importantes que se exponen en el Salón Nacional de Artistas. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    El arte de encontrarse en un Salón | La obra de Ernesto Neto en el Museo de Arte Moderno es una de las más importantes que se exponen en el Salón Nacional de Artistas. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
04 de septiembre de 2013
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Deja los zapatos al lado de la silla y se mete a ese espacio blanco con sus medias naranjadas. Camina y, cuando está en ese azul, al fondo, se deja caer.

"Es como si fuera el corazón de la pieza, la piedra filosofal. Las personas caminan, pero aquí pueden relajarse, descansar. Es como ese momento principal. Un sitio para dejar pasar el tiempo. Lo opuesto de la ciudad en que vivimos, que es muy rápida, muy productiva. Todo está en nombre de la productividad. Aquí la idea es que todo está en la idea de la felicidad".

A Ernesto Neto le interesa eso del tiempo. Eso de que se va muy rápido, de que hay que organizar los cuerpos al tiempo. Le interesa que se pueda parar para pensar. Por eso en su obra, en ese azul, hay espacio para hacerlo, aunque el concepto sea más complejo y hable también de las relaciones, de los balances, de los contrastes.

Brasileño. Es en la lista de los 108 artistas que participan en el Salón (inter) Nacional de Artistas, organizada por orden alfabético según el apellido, el último de la ene. Uno de los más importantes artistas de su país. De los que ha expuesto en grandes museos como el de Arte Moderno de Nueva York, la Tate Modern Gallery de Londres, el Centro de Arte Reina Sofía, el Guggenheim. El que ha estado en la Bienal de Venecia, por nombrar algunos lugares. Es el artista que crea piezas que se montan un lugar en el espacio y que están hechas para ser habitadas, atravesadas, tocadas por los espectadores. Olidas. Recorridas. Descansadas.

"Pienso que de esa forma el público puede tener una relación más compleja con el arte. Una relación más experimental y menos contemplativa. El flujo mental trabaja mucho con el cuerpo y la obra habla de los cuerpos y, cuando los cuerpos se encuentran con la obra, se completa".

La madremonte ocupa la nave central del Museo de Arte Moderno. Toda la nave. El nombre de la propuesta que presenta en el Salón tiene que ver con la leyenda. Cuando Ernesto vino a Medellín a conocer el museo se encantó con el espacio y decidió que tendría que inventar una pieza especial. Luego fue al Jardín Botánico y se encontró con la escultura de José Horacio Betancur: "Una mujer con muchos bichos, de bronce, llamada La madremonte". Le encantó. Se quedó con la idea, preguntó, y pensó. "Es curiosa la idea de esa mujer y las naves. Hay una idea uterina, de masculino y femenino siempre, pero la idea de placenta de útero me dejó muy curioso. Hasta hoy no sé quién es la madremonte". No sabe porque cada persona le contó una idea distinta. La suya tal vez "sea una nueva parte de la leyenda".

Está esa relación con esa mujer de los cuentos, con el tiempo, con la pieza como un lugar de encuentro y, mucho, con la vida. El trabajo de Ernesto es para pensar. "Claro que hay problemas, que puedes romper. Yo quiero cambiar, sacar el aspecto financiero por el aspecto social, de la vida. Porque lo más importante es la vida. Vivimos muy direccionados al consumo, como si eso fuera más importante. La vida es más importante que la producción".

La obra desde hace dos meses ha sido distinta, siempre. Eso le gusta. Sigue siendo diferente, porque cada paso, de cada quién, es distinto.

Ernesto sigue tirado en ese sofá azul, rodeado por toda esa tela blanca transparente (lycra o tul de poliamida), con sus crespos revueltos. La tela forma una estructura que alberga, que a veces parece un laberinto, que otras parece un cuerpo, que está sostenida por arena. "Hay ocho kilos en cada pata, 20 kilos en cada tela. Hay que contar". Se ríe. La tela también es piel.

Todo un recorrido
La inauguración del Salón es esta tarde. Los cuatro espacios, que suman 5.300 metros cuadrados de exposición, están listos. Cada artista tiene una historia. Cada espacio tiene unos trabajos.

"No es una narración de una sola narrativa, sino varias narrativas y puedes apreciar en diferente orden o parcialmente captar la esencia del salón si vas a un solo lugar, pero lo ideal es un recorrido de todos. Yo recomendaría que primero sea el Mamm, que es el planteamiento inicial del proyecto", dice Javier Mejía, uno de los curadores.

Es el evento más importante del arte del país, que propone un diálogo entre los artistas. Entre el público. El tema es Saber desconocer y, cada autor lo miró a su manera.

"El Salón tiene un interés —explica Juliana Restrepo, la directora ejecutiva—. Es una exposición para que la gente vea, camine, recorra, se sorprenda e interprete por su propia cuenta, que es en realidad una condición del arte contemporáneo. No es ya el disfrute de la figura perfecta, del arte moderno, renacentista, sino que son un montón de experiencias".

En el Museo de Antioquia está, por ejemplo, esa alfombra persa, que no es del todo persa. Está hecha en arcilla. Más allá hay un árbol solitario. Después están esas paredes rayadas con lápiz. Es un consultorio en el que se reúnen la medicina tradicional y la científica. Es un cuarto blanco al que le pintaron, a mano y con regla, todas esas líneas. Lo demás, para ver sin afán. Para re-ver. Son tres meses solo para el arte.

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