El caricaturista Rayma, del diario El Universal de Caracas, utiliza la imagen de un banano para representar al régimen venezolano y a los gobiernos latinoamericanos que han aceptado convertirse en sus subordinados o socios. Existe una jerarquía en el grupo de regímenes bananeros, y el lugar de primacía le corresponde al de la Revolución Bolivariana y a su comandante y jefe supremo, Hugo Chávez.
La imagen botánica describe una modalidad poco seria, folclórica, de comportamiento político que se asocia con la expresión 'república bananera'. Así pues, nada tiene que ver con algún eventual cartel de exportadores de banano, ni con el cultivo de la generosa planta Musa paradisiaca. Conviene tener presente que el contexto dentro del cual se utiliza el término bananero hace referencia a gobiernos y no a países. Por lo tanto, su ámbito geográfico no se circunscribe a latitudes tropicales. También en la pampa se observan formas de comportamiento gubernamental de tipo bananero.
El mérito por establecer los rasgos característicos de este género político le corresponde a Hugo Chávez: incontinencia verbal, irrespeto a las instituciones, falta de transparencia en la asignación de los recursos públicos, ausencia de responsabilidad para rendir cuentas y vocación decidida de permanecer en el poder como objetivo prioritario. Gracias al control estatal de los medios audio-visuales de comunicación, Chávez ha convertido la práctica gubernamental en un espectáculo mediático. En sus frecuentes intervenciones por los canales de televisión canta, baila, amenaza, insulta a sus opositores, utiliza expresiones escatológicas, expulsa embajadores, moviliza tropas y nacionaliza sectores de la economía. Demostraciones de vulgaridad y de patanería que son celebradas por sus seguidores, les producen vergüenza ajena a los venezolanos cultos.
En medio de una crisis mundial que ha causado el desplome de los precios del petróleo y del consiguiente valor de las exportaciones de Venezuela, Chávez puso los recursos del gobierno y de las empresas estatales al servicio de su aspiración a la reelección indefinida. Sus compatriotas no deben pensar que ello obedece a la ambición personal sino a los intereses superiores de la nación: 'Y en este momento histórico - a mí me cuesta mucho decir esto porque se trata de mí mismo - la presencia del líder de la Revolución es indispensable para que se continúe profundizando la revolución bolivariana'.
El matrimonio Kirchner también ha hecho su aporte a esta modalidad gubernamental. El ingenioso esquema de compartir la presidencia entre cónyuges evita la molestia de estar modificando la constitución en beneficio propio. Néstor Kirchner toma las decisiones tras bambalinas. La Presidenta las divulga, y hace relaciones públicas. Cristina Kirchner ha sido poco afortunada en materia diplomática. Los escenarios internacionales han sido testigos de su notoria impuntualidad.
En relación con la credibilidad oficial, Néstor Scibona observa en La Nación de Buenos Aires: 'en los últimos dos años el Gobierno no sólo falsificó los indicadores de precios, pobreza y distribución del ingreso, sino que últimamente extendió la manipulación a los niveles de actividad'.
Los ideólogos del sistema bananero de gobierno invocan la conveniencia de la reelección presidencial indefinida como la forma de permitirle a un líder insustituible instaurar un nuevo orden. En realidad, ese sistema constituye la eliminación del orden. Lleva implícito el desmantelamiento de las instituciones y de los límites constitucionales al ejercicio del poder.
Tampoco es nuevo. La aspiración de los caudillos bananeros a adquirir el carácter de vitalicios constituye una lamentable involución a la época de Fernando VII, del absolutismo y del ejercicio arbitrario de la real gana. El régimen bananero latinoamericano sustituye la posibilidad de alcanzar la modernidad por la exaltación del subdesarrollo permanente.
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