En un metro con noventa y nueve centímetros de estatura Esteban Giraldo guarda el talento que le abrió las puertas en Argentina.
Desde mediados de 2010 este joven antioqueño recibe instrucción de expertos en pulir jugadores para el fútbol del mundo, luego de convencerlos con su técnica y fundamentación, además de su calidad humana y personal.
En Gimnasia y Esgrima La Plata, que acababa de consagrar y disfrutar de los goles del atacante chocoano Marco Pérez, que pasó al Real Zaragoza español, el muchacho de 18 años encontró la luz que buscaba y hoy en día disfruta de un proceso serio y con proyección.
En las divisiones menores de este club fueron reconocidas sus aptitudes y eso le mereció firmar un convenio deportivo que le asegura continuidad.
Esteban es otro talento criollo que tuvo que irse en busca de oportunidades. Y lo hizo al país donde fue transferido el segundo colombiano en la historia, el arquero Efraín Caimán Sánchez, en 1947, cuando lo fichó el San Lorenzo de Almagro. En ese territorio también se consagrarían el rubio Carlos Fernando Navarro Montoya y el talentoso Óscar Córdoba.
El espigado Giraldo apenas construye su palmarés deportivo en su intento por alcanzar la rama profesional y lo hace con dedicación y paciencia, pues confía en que más tarde recibirá los frutos del sacrificio que implica alejarse de los padres (es hijo único), de los amigos, de la novia y de las comodidades que tiene en la ciudad que lo vio nacer.
Nueva vida
En La Plata lo espera el año venidero la pensión del club, en la que, hasta hace pocos días, vivió con 16 'pelaos', la mayoría argentinos. El otro extranjero era un paraguayo. Allí, donde se ganó el aprecio de los compañeros que lo llaman " Colombia" , sin lujos y nada que se parezca a los sitios de concentración de clubes grandes como Boca y River -Falcao García llegó allá a los 12 años de edad-, tiene que lavar la ropa e ingeniárselas para estar bien.
Sus días comienzan a las 6:00 a.m. Luego camina media hora hasta la sede del club, de donde sale un microbus para los entrenamientos matinales. En ese mismo lugar almuerza y cena, para irse de nuevo a la pensión a dormir.
Y aunque tiene las tardes libres, en su afán de progresar se va para el gimnasio, porque no quiere dejar escapar esta oportunidad que la vida le brinda. A las 10:00 de la noche, según el reglamento, todos deben estar acostados.
Su llegada a Gimnasia se concretó en una semana. Su papá (Carlos Alberto) logró un contacto para enviarlo a prueba y de su bolsillo sacó el dinero para los pasajes. Antes, cuenta Esteban, hubo un intento por llevarlo a River, pero no se concretó.
Dos amigos del papá lo recibieron en Argentina, con tan buena suerte que el muchacho pasó el examen. Ya, incluso, estuvo en el banco de la reserva en un partido preliminar frente a Quilmes. La temporada 2011 será definitiva en su proyección.
Escollos superados
Esteban, o el Flaco, como algunos conocidos lo llaman, siempre quiso ser arquero. A los 10 años lo llevaron a la escuela de Envigado, pero pronto emigró a la de Nacional, club en el que vivió un duro episodio. El día en que le dieron el uniforme para un equipo filial del Ponyfútbol empezó a sentir los dolores de una enfermedad (artritis séptica) que lo incapacitó durante diez meses. A su regreso a los verdes solo pudo hacer la fisioterapia, pues le dijeron que en las divisiones menores no había lugar para él.
Todavía con las secuelas de la enfermedad el Club Campo Amor le abrió las puertas y con Marco Tulio Zuleta, a quien considera su maestro, logró resurgir. "Fue como empezar de nuevo, recuerdo que en el primer entrenamiento lloré porque no podía saltar".
Con tesón volvió a la competencia en los torneos de la Liga de Antioquia y aguantó en ese equipo a pesar de que era el tercer arquero. De allí pasó a préstamo al DIM sub15 y durante año y dos meses entrenó con Wilson Londoño y Luis Octavio Ormeño Gómez.
Cansado de desplantes y promesas incumplidas de continuidad, se fue al Envigado. La decisión la tomó el día que William Villa le dijo que si quería se quedara entrenando, pero que no lo iban a inscribir.
De nuevo en la incertidumbre, pero convencido de sus capacidades, se presentó al Envigado. Gracias a que nunca dejó de prepararse en forma particular, pues los fines de semana practicaba con Marcos o con su papá que le dedicaba tardes enteras para que no se desmotivara, pasó otra prueba. Su biotipo de corte internacional, las buenas bases y dedicación, sumadas a un buen ambiente familiar, no dejaron espacio para la duda a los estrategas naranjas.
Tuvo la fortuna de que lo recibió John Hernández que en ese momento estaba con el plantel profesional. Por eso trabajó al lado de Giovanni Moreno, Totono Grisales, Néider Morantes y Ricardo Calle, entre otros, que lo hicieron sentir uno más del equipo.
En las inferiores, en las que Albeiro Zapata lo acogió y confió en él, tuvo más desengaños que alegrías, hasta que le llegó la opción de viajar al sur del continente, donde antes de venirse el preparador de arqueros de Gimnasia y Esgrima La Plata, Abel Lobo Lavallén, le dijo: "andá y pasá las vacaciones con tu familia. Si te quedás allá sos un perfecto boludo. Aquí está tu futuro".
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