Gracias te doy Señor porque creaste un pueblo con condiciones tan particulares como el nuestro que, a pesar de tener tantos problemas internos, nos entretenemos y nos olvidamos rápidamente de ellos y nos ocupamos con otros, igualmente importantes quizá, pero que nos sirven para distraernos y olvidarnos, así sea temporalmente de aquellos.
Me refiero al tema de la agresión de Hernán Darío Gómez, el técnico de la Selección Colombia, a una dama en Bogotá.
Parto de dos bases fundamentales:
1. No conozco detalles y 2. Sin conocer esos detalles, condeno el hecho de agredir a una dama, mas no condeno al autor, pues en mis principios legales, mal haría en condenar a alguien sin escucharlo previamente como lo escuché alguna vez en la Universidad.
Lo que sí creo que debería ser nuestra conducta de ciudadanos no es "la crucifixión" que ya le estamos dando a esa persona, sino que el evento debería servirnos para cuestionarnos nuestra moral; es decir, para preguntarnos: ¿cómo es la misma?
¿Por qué tan fácilmente, en muchas expresiones que he escuchado, ya se condenó a dicho autor del mismo y, cada uno de nosotros no hemos sido quizá tan rigurosos al juzgar nuestras propias actuaciones? ¿Será acaso que efectivamente se nos ha concedido el don de juzgar así a priori y sin todos los elementos de juicio?
Personalmente siempre (palabra que utilizo bien poco por su estricto significado) he tenido muy claro que no tengo ni la facultad de condenar ni de perdonar las actuaciones de los demás. Nadie me ha concedido tan trascendentales decisiones.
Antes de asumir esas "funciones" prefiero ser cada vez más y más estricto con mis propias actuaciones y así mis actos estarán más acordes con mi pensar y éste con mi moral. Las actuaciones de los demás tendrán otro juez que no soy exactamente yo. Yo soy el "juez" de las mías hasta que finalmente llegue el verdadero juez de todos, según mis creencias religiosas.
FERNANDO LÓPEZ ÁLVAREZ
lopezalvarezfernando@gmail.com
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