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HISTÓRICO
El niño, el tigre y la historieta
  • El niño, el tigre y la historieta |
    El niño, el tigre y la historieta |
Por MARIO A. DUQUE CARDOZO | Publicado el 03 de febrero de 2014

Es el Capitán Spiff, el Hombre Estupendo, un viajero en el tiempo, un tiranosaurio hambriento, un artista moderno de los muñecos de nieve, el detective Tracer Bullet... y apenas tiene seis años.

Es Calvin, a secas, y casi dos décadas después de su última tira publicada, siguen presentes en los medios las reflexiones de este pequeño y de su tigre Hobbes y su relevancia la confirmó el premio en el Grand Prix del Festival Internacional del Cómic de Angulema para su autor, el enigmático Bill Watterson, nacido en 1958, graduado en Ciencias Políticas.

Y desde que Calvin capturó a Hobbes con un sánduche de atún son inseparables, viviendo todo tipo de aventuras que la imaginación del pequeño propone, desde viajes interestelares hasta profundos diálogos que pasan por la cultura, el consumo de medios, las relaciones humanas, la religión y el medio ambiente, entre otros temas. Porque entra en ese mundo al que también pertenecen Mafalda, del argentino Quino y Peanuts, del norteamericano Charles M. Schulz, donde los niños hablan como adultos.

"Lo más destacable es sin duda el elemento de la imaginación", opina el comiquero Álvaro Vélez, más conocido como Truchafrita.

"Pero la obra de Watterson se complementa también con un dibujo de excelente factura en donde se notan la soltura y el dinamismo gráfico, sobre todo cuando es necesario ubicar a los personajes en las aventuras imaginadas contra monstruos espaciales o criaturas prehistóricas, en ambientes hostiles pero llenos de acción y peligro", agrega.

El niño interior
Este travieso personaje, lo dijo en alguna ocasión el propio Watterson, recibió su nombre de John Calvin, un teólogo francés del siglo XVI; mientras que el nombre de Hobbes está inspirado en el filósofo inglés Thomas Hobbes.

"Calvin es autobiográfico en el sentido de que piensa sobre los mismos temas que yo, pero en esto, Calvin refleja más mi madurez que mi infancia. Muchos de sus conflictos son metáforas de mí mismo", explicó su autor en una de las pocas entrevistas que concedió.

Confesó, además, la influencia en su obra, además de Schulz; de Walt Kelly; y de George Herriman, el creador de Krazy Kat. Entonces, en boca del niño y el peluche, aparecen las obsesiones de Watterson, pero también sus reflexiones y comentarios sobre la naturaleza humana.

Esta caricatura, dice la experta en análisis del discurso y docente de la Universidad Eafit, Sonia López, "rompe a manera de crítica, con esquemas y con ideas preconcebidas. El macrotema es la educación puesta en la voz no tan inocente de un niño".

Vélez destaca, además, las historias sencillas pero contundentes ("tan necesarias en tiras cortas"), la carga de humor y, sobre todo, la complicidad que genera con el lector como elementos que han convertido a Calvin & Hobbes en "un nuevo clásico dentro de la narración dibujada".

El premio en Angulema es una confirmación de que esta es ya es una obra de culto, tanto así que en noviembre de 2012 alguien pagó 203.150 dólares por una tira coloreada a mano por el propio Watterson, una cifra récord en la subasta de historietas