Cinco personas volvieron a nacer en El Pesebre, cuando una masa de tierra y rocas que se desprendió ayer de la parte alta de un talud las mantuvo sepultadas bajo lo que quedó de sus viviendas, hasta que la reacción desesperada de los vecinos las rescató de los escombros.
La emergencia pudo tener dimensiones peores, pero a la hora que ocurrió, 10:30 de la mañana, la mayoría de sus moradores estaba fuera de las casas y eso evitó que quedaran aplastados entre latas, tierra y cemento.
Una madre joven del vecindario, Viviana Moncada, cuenta que "le daba el desayuno al niño cuando sentí un estruendo, lo agarré, salí corriendo, vi la cuadra invadida de humo y a la gente que gritaba y lloraba".
A pocos metros, Marta Londoño Fernández, que habitaba con su esposo, dos hijos y un hermano, una de las viviendas destruidas, fue protagonista del drama.
"Estaba sentada con mi esposo cuando oí un ruido horrible, él se quedó quieto, y cuando traté de salir, un adobe me cayó en la cabeza y me abrió", recuerda, y agrega que le gritó al marido que Heyder (el hijo) estaba adentro.
Él -dice- quedó atrapado entre los adobes, la tierra y el techo, pero llegaron vecinos que separaron los escombros y sacaron al muchacho ileso.
"Dios es muy grande, si esto hubiera sido de noche, no lo estaría contando porque la pieza donde duermo está al fondo de la casa y fue la primera que se cayó", afirma la madre, con la satisfacción de ver a su hijo pleno, que ayuda a sacar corotos.
Diana Garavito, una adolescente que reside en la cuadra del frente a la emergencia, explica el milagro porque la mayoría de moradores no estaba en las casas sino de locha por el barrio.
"En la casa de una muchacha viven dos bebés, pero los habían sacado a pasear", dice. La de Marta Londoño fue una de las cuatro casas que sucumbió ante la fuerza del derrumbe, que dejó un amasijo de latas, tablas, adobes y enseres.
Y la montaña, amenazante, exhibe un desgarramiento de su piel, que se llevó consigo árboles, rocas y rastrojo hasta la base, donde se levanta una hilera de casitas, casi todas mejoradas con estructura de material.
Para atenuar esa amenaza, ayer el Simpad ordenó y coordinó la evacuación de 15 viviendas vecinas, porque la intensidad de las lluvias y la saturación del talud no garantizan que permanecerá estable.
Uno de los funcionarios, Arlex Arbey Lopera, dice que la evacuación es necesaria porque en la parte alta hay acueductos que filtran el talud, además de plataneras y palos de café que ponen peso.
Diana, una de sus compañeras, asegura que el sector ha estado en riesgo y que a sus habitantes se les había notificado la evacuación definitiva, afirmación que rechazaron afectados como Marta Londoño, porque -sostiene- "nunca nos visitaron para dar esa orden".
Por fortuna, los cuatro heridos sólo sufrieron lesiones leves, en tanto que los damnificados fueron llevados a albergues mientras se les consigue arriendo temporal.
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