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03 de diciembre de 2013
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¿Dónde está el telegrafista? ¿El ascensorista? ¿El pregonero?

Las nuevas tecnologías, las transformaciones en los roles sociales, los cambios de época, desatan la agonía y desaparición de algunos oficios.

La bancarrota de la cadena de librerías Borders, la crisis en Barnes & Nobles y el auge de los e-books harían pensar que el oficio de librero tiene sus días contados…

Alice Munro, librera, premio Nobel de Literatura, nos da claves sobre el nivel de percepción estética que puede alcanzar alguien del oficio; y Sylvia Beach, librera de Shakespeare & Co -la primera editora de Ulises, de James Joyce -, de su capacidad descubridora.

Los libreros han sido guardianes de la literatura durante guerras y tiranías. En épocas de Franco, cuentan, los libreros tenían una "zona secreta" para los textos prohibidos. En la dictadura argentina desaparecieron varios libreros; vale recordar una anécdota del escritor Federico Andahazi ("El Anatomista"): su abuelo, editor y librero, quemó todos sus libros para que él y su familia no fueran perseguidos por el régimen.

En Medellín, hemos tenido libreros entrañables como Aurita López, de la Librería Aguirre, o don Rafael Vega, de la Continental, entre otros.

¿Cuál es el poder de la librería independiente?

A diferencia de las grandes cadenas comercializadoras de libros que tratan de homogenizar el consumo cultural, la pequeña librería individualiza necesidades, conversa cara a cara con el lector. Lo conoce. John Eklund, representante de editoriales universitarias norteamericanas, afirmó en El País de España: "Llámame anticuado, pero que me llamen por teléfono de mi librería para avisarme que ya puedo pasar a recoger el libro que encargué, me hace querer dejarlo todo e irme corriendo por él".

Parte de la historia, la cultura y la tradición urbana permanece custodiada en los centros culturales y sociales -tertuliaderos- que son las librerías de barrio.

Wilson Mendoza, exlibrero de la Universidad Eafit, acaba de abrir cerca al Estadio la librería Grammata textos: "Para mí ser librero más que un oficio es un aprendizaje constante, no de los libros sino de la gente que viene a leerlos".

Los libreros avezados, como Mendoza, hacen las veces de psicólogo, boticario, partero (trae al mundo relaciones que pueden durar toda la vida) y buscador de tesoros.

Cada librería independiente que se abre en una ciudad habla bien de una sociedad y sus habitantes: Grammata textos, Palinuro, Los libros de Juan, Al pie de la letra, Sim sala bim, Otraparte, El Acontista…

Alberto Sánchez, gerente comercial de Planeta, dijo alguna vez en la revista Arcadia que las pequeñas librerías necesitan buenos gerentes, salir a buscar al lector. Por su parte, Robert Max Steenkist, coordinador de la Red de Librerías del Cerlalc, consideró que deben acercar al lector a los autores y organizar eventos culturales.

Las tecnologías, los roles sociales, las épocas: todo cambia. Lo cierto es que, contra muchos pronósticos, el oficio de librero y las pequeñas librerías sí tienen futuro. Y un solo salvador: el lector.

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