Hasta hace unos años, bien pocos por cierto, el sueño americano era de veras la esperanza de millares de pobres y de millares de vivos que empeñaban hasta la palabra para viajar a USA y meterse en ese inmenso saco de dólares que prometía una bienandanza total para los migrantes de muchos países.
Pero como lo bueno no dura, aunque la llegada de extranjeros a USA lleva su tiempo, el sueño se termina y con él las ilusiones de millones que ven cómo sus barcos se hunden.
La economía norteamericana no es la más saludable del planeta, la salud tampoco es ejemplo de eficiencia y una gran cantidad de norteños no tienen atención médica.
Encima de esto, le cae de golpe la economía china que viene empujando desde atrás y sacando del segundo cajón del podio al Japón y amenaza con tomarse la parte central de la tarima.
Aparte de estas notas negativas están las guerras que sostienen los gringos en varios países asiáticos y africanos y el peligro de un terrorismo in crescendo.
Y como ñapa o yapa de esta situación altamente tensa, aparece el conflicto de una política peligrosamente palpitante.
Tal vez por este montón de factores anudados se conoce hace muy poco una noticia bien desconsoladora para la población norteamericana.
Las estadísticas muestran que cada día noventa hermanos yanquis se suicidan. Vale decir, que prácticamente están con la soga al cuello.
PAUSA. Me gusta la justicia pero no me gusta ver bailar sobre los muertos.
LOS BUENOS . Siento un poco o tal vez mucho de tristeza cuando algunas veces escucho o leo esa frase de "somos más los buenos"... ¿Los que eso dicen saben exactamente qué es ser bueno? ¿Sí lo sabrán?
Aconsejo acudir un poco el polvo de la vieja conciencia y mirar si son tan buenos como dicen o como lo desean. Consulten su cajón de la avaricia, el de la injusticia, el de la soberbia, el del desamor, o todo lo que no sean bienes terrenales...
"Somos más los buenos"... ¿Los buenos para qué? He visto tantos buenos desfilar de las cámaras y los congresos a las cárceles de máxima y mínima seguridad que ya no me atrevo siquiera a colarme entre los "buenos" de dos estrellas, porque los de cinco y seis, algunos de ellos, ya tienen que hablar a través de los barrotes.
Me da miedo sacudir mi propio pasado porque pienso lo que ocurre cuando se agita el árbol genealógico de muchas familias: de las ramas altas y bajas comienzan a caer damas de raro pelaje y caballeros de industria disfrazados, precisamente, de "buenos" señores.
Dejemos la frase más corta y más vaga para no meternos mentiras unos a otros. Digamos, simplemente, "somos más"... Y que otros nos digan más qué.
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