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HISTÓRICO
EL TIRANO
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    EL TIRANO |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 10 de julio de 2013

Esta noche, como tantas en las últimas décadas, cientos de miles de medellinenses se encerrarán en sus casas temprano, bajo un toque de queda criminal, luego de llegar a sus hogares a la hora impuesta por los bandidos, y por los caminos que no toquen sus siempre cambiantes fronteras de control territorial. En la mañana del día que viene, el bus en que viajan pagará vacuna a las bandas que operan en esa ruta. El negocio en el que trabajan probablemente también paga extorsión a los grupos de seguridad ilegal de la cuadra.

Sí, la lista de acciones de nuestros bandidos incluye toques de queda, restricción de la movilidad, desapariciones, desplazamientos, reclutamiento forzado, extorsión y asesinatos. Y es que en Colombia, nuestro tirano es la violencia y, nuestro dictador, el miedo.

Siempre hemos estado orgullosos de haber evitado caer en manos de un dictador como los que en el siglo XX pululaban por Latinoamérica. Pero se nos escapa el peor de los autócratas, silencioso, pero siempre presente, sin las excentricidades de los dictadores africanos, ni los discursos de los hombres fuertes latinoamericanos, pero igual de despiadado: la violencia de todo nuestro bestiario de bandidos.

El miedo es una poderosa arma de dominación, y nuestros bandidos bien han sabido utilizarlo aprendiendo con rapidez que pueden controlar con amenazas y terror, convirtiéndose en tiranos de barrio con una moto DT180 y una pistola 9 milímetros. Así, con el poder de la vida y la muerte tras el gatillo, se instauran como pequeños autócratas de las lomas de la ciudad; bajo su tutela queda la decisión de quién sale y quién entra, quién pertenece y quién no lo hace, quién vive y quién muere.

De esta forma, como han captado las juiciosas crónicas de la serie de informes especiales "Medellín, retrato de un conflicto" de El Colombiano, nuestros bandidos son también pequeños megalómanos: conquistadores de canchas de fútbol y terminales de buses, saqueadores de tiendas de esquina y carros de alta gama.

Me atrevo a decir que la seguridad es la defensa de la libertad e integridad personal de las arbitrariedades ajenas. Es decir, seguridad es poder tomar decisiones personales con libertad, sin temer amenazas, violencia o restricciones de terceros.

Así, la lucha por la libertad sigue estando vigente en nuestra ciudad y en nuestro país; libertad de la violencia arbitraria, cuando nos podamos sentir seguros y nuestra vida no dependa de un pequeño tirano de sangre caliente y moto de alto cilindraje.