Desde la urbanización Altamira nos escribe un tipeador, David Velásquez, quien se queja de la alta contaminación auditiva que vive este condominio por culpa de un resalto que él considera inútil.
El reductor de velocidad está ubicado en la calle 80 frente al Bloque 42 de Altamira y dice él que era útil, "cuando se usaba la portería número 8", pero que luego cancelaron esa salida peatonal y ya se hizo innecesario.
Según su mensaje, que dice recoger las voces de 80 personas más, el ruido que generan los frenazos de los carros día y noche al pasar el resalto no deja dormir. Añade que por los choques que se dan hay insultos y agresiones y que esto deteriora la convivencia. Por tal razón, exige que sea retirado.
En Altamira, sin embargo, no todos están de acuerdo con esta opción. Empezando por el administrador, Juan Ignacio Bustamante, quien se declara sorprendido por la solicitud, pues quitar ese resalto sería poner en riesgo las vidas de la gente.
Y dice tajante: "vale más la vida que el ruido".
Lo que sí argumenta es que este resalto y otros tres que hay en el trayecto entre las carreras 80 y 72, que es el perímetro de su unidad residencial, debe ser pintado y bien señalizado, pues casi siempre está con las rayas borradas y nadie los ve a distancia.
"Es grave que no los pinten, pero creo que el ruido que generan los carros es mínimo frente al servicio que prestan", anota.
Otras voces
Luis Villa, otro veterano residente en este conjunto, argumenta que si ese resalto no estuviera allí los buses, y motos bajarían desbocados y eso sería peor.
Igual opina Mario Cárdenas, para quien ese reductor es la única seguridad para el sitio, "es lo único que hace frenar los carros", afirma.
Por esta calle bajan y suben varias rutas de buses de Transportes Medellín y Palenque Robledal, integradas al Metro, volquetas, taxis y camiones, en un fluir constante que hace poco duraderas las señalizaciones.
Otro factor grave para la seguridad vial en esta empinada calle es la poca iluminación nocturna, pues el separador está lleno de árboles de gran tamaño y con copas muy frondosas que se tragan las luces de las lámparas. Incluso algunas quedan metidas entre las ramas.
"Por eso no se ven de lejos y eso sí es peligroso", añade el administrador.
Beatriz Garcés y Carlos Parra, del Bloque 42, apoyan que el resalto siga ahí, pero pintado y bien iluminado.
Conclusión: la solución fácil sería quitarlo. La ideal es mejorarlo para que cumpla su función. Mínimo 6.000 personas, las que viven en Altamira, se beneficiarían.
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