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En Amagá no olvidan a sus 73 mineros

EN EL ANIVERSARIO de la tragedia que el 16 de junio de 2010 acabó con las vidas de 73 mineros en el socavón San Joaquín, de Carbones San Fernando, hubo llanto y mensajes de esperanza. La comunidad se unió para evocar a esos que murieron desafiando el infierno.

  • En Amagá no olvidan a sus 73 mineros | Gustavo Ospina Zapata, Enviado Especial-amagá | En su taller, en cercanías al parque principal, Hermes Tangarife le dio vida a la escultura "Homenaje a los mineros muertos", que tardó un año en esculpir cada detalle. Hermes confiesa que es empírico, pero sin duda su obra parece hecha por todo un artista. Tiene ocho cabezas que reflejan la angustia ante la muerte.
    En Amagá no olvidan a sus 73 mineros | Gustavo Ospina Zapata, Enviado Especial-amagá | En su taller, en cercanías al parque principal, Hermes Tangarife le dio vida a la escultura "Homenaje a los mineros muertos", que tardó un año en esculpir cada detalle. Hermes confiesa que es empírico, pero sin duda su obra parece hecha por todo un artista. Tiene ocho cabezas que reflejan la angustia ante la muerte.
15 de junio de 2011
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"¿Sacarnos a Aurelio de la mente?... ¡ay mijo!, imposible, ese hombre era muy maravilloso como para dejarse olvidar"...

Es casi la 1:00 de la tarde y acaba de terminar la misa de aniversario en homenaje a los 73 mineros muertos en el socavón San Joaquín, de Carbones San Fernando, en Amagá, y ni Miriam Medina (que era la esposa) ni Ana Gallego (que era la mamá) quieren salir del templo.

Hace un año, Luis Aurelio, de 55 años, perdió la vida en una explosión que dejó a otros 72 compañeros suyos muertos y para estas dos mujeres, como para varias hermanas del difunto, su presencia parece no haberse ido aún hacia la eternidad.

"Él era el alma de la casa, de 13 hermanos, es el único muerto", dice Miriam, que lo disfrutó lo más que pudo, porque siempre tuvo el temor de que lo iba a perder.

"Sí, porque él toda la vida fue minero, pero en San Fernando llevaba dos años y los últimos días había sentido miedo, entraba y pensaba que no iba a salir, por eso yo no lo descuidaba en el cariño", repite esta viuda, a la que Aurelio le dejó una hija ya adulta e infinidad de recuerdos que evoca con sus hermanas, que casi en coro dicen que, "era el hermano perfecto, todo alegría, bondad y sobre todo humildad".

Bueno, pero ya van a cerrar la iglesia. El Nuncio Apostólico de Roma en Colombia, Aldo Cavalli, ya terminó la Eucaristía, en la que con ejemplos de la vida real, de su propia vida, les quiso decir a las viudas y madres que la tragedia que estremeció a Amagá y a Colombia el 16 de junio hace un año no fue voluntad de Dios, "sino de causa-efecto, cosas naturales y humanas", porque Dios nunca quiere hacerles daño a sus hijos.

También se fueron los cerca de 300 mineros de Carbones San Fernando que, luciendo camisetas blancas y con rostros solemnes, dejaron sus picas y sus uniformes en la mina para irse a marchar y a orar por su compañeros fallecidos, que les dejaron hondo dolor en sus almas, tal como lo declaró en una emotiva carta leída al final por Armando Sampedro:

"Nos invade la nostalgia por estos compañeros que murieron luchando por sus ideales y sus familias y se fueron porque quizás el destino o Dios los necesitaba, no sabemos, pero lo que sí sabemos es que siempre estarán en nuestros corazones".

Marchas y dolores
Pero además, también se fueron cerca de veinte sacerdotes que asistieron al ritual; el director del Dapard, John Freddy Rendón, y también se marcharon los demás familiares de los mineros.

Pero la familia de Aurelio sigue en una silla del templo hablando de su ser querido.

Al instante, pasan Amalia Torres y Blanca Cano, esposa y madre del minero Rubiel de Jesús Urrego Caro, de 43 años, que apenas llevaba veinte días trabajando en la mina y que escasamente alcanzó a cobrar un sueldo.

Se les ve compungidas y en su caminar lento y solemne se les nota el respeto por el lugar donde están: el templo de San Fernando Rey.

En el camino, cuentan del legado que les dejó Rubiel: "Me dejó dos hijos, Estefanía y Esteban, de 13 y 17 años, fue un hombre muy bueno, el único hijo, y quiso tanto a la mamá que se la trajo de Frontino a vivir con nosotros", comenta la viuda, que también se subió al altar a dar frases de agradecimiento por el homenaje.

Fue su juventud y los pocos días que llevaba de minero, sabiendo que toda la vida trabajó en fincas, lo que más le duele a doña Blanca de la muerte de su hijo.

"Juntas nos hemos acompañado en este dolor, cuando él vivía me quería regresar a Frontino, pero él no me dejó, decía que me quería tener con él", recuerda Blanca, y de la mano de Amalia abandona la iglesia.

Detrás salen, al fin, la viuda, la madre y las hermanas de Luis Aurelio.

En ese mismo instante, en el cementerio del pueblo, el artista Hermes Tangarife ultima detalles de la instalación de una escultura en homenaje a estas 73 víctimas del socavón San Joaquín.

Se trata de una obra hecha en barro y pintada en color ocre que muestra la angustia de esos obreros que, buscando el sustento, terminaron entregando la vida.

Afirma que la donó como homenaje a todos y en especial a varios primos y amigos muertos ese 16 de junio.

"Toda esa gente era conocida, se criaron conmigo y por eso trabajo tanto el tema", explicó Hermes.

El monumento se descubre hoy en otra ceremonia especial en el camposanto.

Amagá volvió a unirse en el dolor. Previo a la misa hubo un desfile por las calles en el que todos evocaron la crudeza de la tragedia.

Pero en medio de todo, se ven luces. Las dio el minero Sampedro, que expresó que la "San Fernando será la mejor mina del país" y las reiteró Juan Ricardo Montalvo, gerente de la empresa, que dejó salir de sus labios toda la tristeza que le dejó el accidente, pero también anunció mensajes esperanzadores.

"Gracias a todos por dejarnos entrar a las casas y aún con tantas amarguras compartir sus sueños y proyectos", dijo y hubo aplausos.

Hace un año Amagá era solo dolor. Hoy es dolor, pero también un alud de esperanzas. El futuro no se ve tan oscuro...

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