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HISTÓRICO
En este banco todo se paga, pero en tiempo
  • En este banco todo se paga, pero en tiempo | Erika Cañas | Jorge Marín, a la derecha, es uno de los nuevos asociados al Banco de Tiempo de Belén. El hombre toca la guitarra y quiere ofrecer sus servicios profesionales a cambio de otros que necesita. Todos los usuarios de este organismo controlarán la operación para que tenga éxito. En la imagen lo acompaña Alberto Bedoya, quien también se quiere vincular a la iniciativa.
    En este banco todo se paga, pero en tiempo | Erika Cañas | Jorge Marín, a la derecha, es uno de los nuevos asociados al Banco de Tiempo de Belén. El hombre toca la guitarra y quiere ofrecer sus servicios profesionales a cambio de otros que necesita. Todos los usuarios de este organismo controlarán la operación para que tenga éxito. En la imagen lo acompaña Alberto Bedoya, quien también se quiere vincular a la iniciativa.
Gustavo Gallo Machado | Publicado el 05 de febrero de 2011

Banco. Así se llama y no quiere ser pretensioso. De Tiempo, es el apellido de esta naciente institución donde usted puede ir a consignar horas, muchas, sin miedo a que quede con una deuda impagable, que lo reporten a una central de riesgo o a que se lo coman los intereses.

Banco de Tiempo de Belén es el nombre completo de este novedoso sistema de intercambio que se sale de los cánones de la banca tradicional donde se transa dinero. Aquí se negocia tiempo y muy valioso.

Y así funciona: usted es una ama de casa que tiene habilidades culinarias y quiere aprender a tocar guitarra. O resulta que es ingeniero civil y desea aprender a nadar. Sencillo, se asocia al Banco de Tiempo, consigna las horas que quiera para enseñar su profesión u oficio a cambio de recibir conocimiento sobre sus gustos o preferencias.

En tan solo unas semanas que lleva el Banco funcionando ya van más de 100 asociados del barrio, cuenta John Jairo Lara, el hombre que le dio vida a este proyecto y que ya tiene oficina, por cuenta de un miembro que "donó" un local en el que funcionará el banco, a cambio de unas horas que luego gastará según sus necesidades.

Después de ocho años de estudiar el esquema, inspirado en otros sistemas que funcionan en Europa y Estados Unidos, Lara cuenta que un banco de tiempo es un sistema de intercambio en el que cada una de las personas que lo conforman obtiene el servicio que requiere sin que medie necesariamente el dinero corriente.

Normalmente, sólo tiene que reconocer a quien atienda el número de horas o partes de hora que haya tomado la atención, o convenir un número diferente con la otra parte por circunstancias especiales, haciendo un traslado entre las cuentas de horas que les maneja el banco.

Explica que los costos en pesos en que incurra el prestador del servicio por materiales y otras razones, le deben ser reconocidos de la misma manera, a menos que también acepte horas aprovechando otras oportunidades de ahorro en gastos que brinda el banco.

"Poder usar horas como pago constituye un crédito otorgado por todos los demás usuarios con base en la capacidad de cada quien para atender a otros. El saldo positivo en una cuenta representa capacidad de pago, el saldo negativo representa el compromiso de prestar servicios a otras personas hasta compensar con horas ganadas los pagos hechos anteriormente. Los saldos no generan ningún cargo positivo o negativo como tasa de interés", sostiene el promotor, ingeniero Industrial de la Universidad Nacional.

Calificación del servicio
El activo más importante del Banco de Tiempo, como en un banco tradicional, es la confianza, como dice una de sus asociadas, Patricia Hincapié, una mujer experta en la organización de eventos que ofrece horas en este oficio, además del transporte de personas a cualquier hora (hasta para los que se van de rumba y no quieren conducir luego de haber ingerido licor) o de equipos, a cambio del servicio de un abogado para resolver un problema que tuvo con un accidente, o de masajes, peluquería o de lavado de su carro.

"Ya tengo cinco horas consignadas en el Banco de Tiempo. Las consigné por transportar unas sillas. La verdad es que este esquema es muy bueno porque lo que hacemos son favores que se prestaban y por los que ahora vamos a tener una retribución, que no es en dinero", asegura la mujer.

Sus hijos, Daniel, de 17 años y Natalí, de 21, también se vincularon al Banco: él ofrece la elaboración de grafittis y ella, asesoría en enfermería.

Y esto es precisamente lo que quiere John Jairo Lara que se impulse a través del organismo -ubicado al frente de la emblemática Cooperativa Belén-, que se recupere el tejido social y los lazos comunitarios, brindar oportunidades de apoyo a familias monoparentales, jóvenes, jubilados y a quienes tienen mayores dificultades para autosostenerse, fortalecer comunidades afectadas por el temor y la incertidumbre, revitalizar lazos intergeneracionales y aumentar la participación ciudadana o procesos de desarrollo local, entre otros.

"Ya somos 100 ahorradores pero queremos que sean unos 500 aquí en Belén. Lo que espero es que esta sea la semilla para que nazcan más bancos de tiempo en la ciudad, en las comunidades, que sea una respuesta a la desocupación y que todos seamos útiles, sin necesidad de pagar en dinero".

María Elena Gómez, tecnóloga en Administración de Empresas y experta en los temas de la Ley 100, cuenta que ella está dispuesta a dictar charlas en este campo, para que otro asociado del Banco le pinte el apartamento o para tener una dama de compañía para su mamá.

También donó un computador al Banco para que mejore el servicio que le puede prestar a más personas.

El sueño de John Jairo Lara es que en poco tiempo todos los asociados tengan una tarjeta para reemplazar las notas crédito y débito.

Así, con la confianza como el principal patrimonio, nació este banco que quiere ampliar sus lazos para que florezca el espíritu comunitario donde no haya dinero de por medio. Que el tiempo sea el activo más valioso. Eso es lo que quieren sus socios.