Un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús puesto allí hace 15 años es el vigilante de Guayaquil: cada vez que alguien pasa se da la bendición y le pide protección.
Adolfo María León Molina recoge la flores artificiales que adornan el cuadro del Sagrado Corazón y las imágenes de algunos santos, puestos a su lado: San Jorge y el dragón, San Cipriano Obispo, Santo Domingo Savio, la Madre Laura, La Virgen del Carmen y María Auxiliadora.
Además de estos, hay otros que no hacen parte de la fe tradicional de los antioqueños, sino de la devoción personal de los chatarreros, que hace unos 30 años, en el muro del bar El Barquito, en la esquina de Tenerife con Padilla, pegan las imágenes de santos, vírgenes y crucifijos que se encuentran en su trabajo ordinario: la chatarra.
-Esto lo inició Pipeda-, dice Adolfo, al que todos conocen como el Perro-. A él lo mataron hace algunos años, pero nosotros continuamos con la tradición-.
Después de que le hicieron una misa en su honor en esa esquina, sus compañeros siguieron poniendo las estampitas que se encontraban en sus recorridos por la ciudad.
El Sagrado
El tamaño es lo que determina el orden donde se ubican las imágenes. En un lado, como pieza principal de este santoral, una imagen, desgastada por la intemperie, del Sagrado Corazón de Jesús.
-Ese lo puse yo-, dice José Cardona, otro de los organizadores de este mural.
A José, como a todos por acá, no le dicen José sino Chepe. Él llegó en el 56 y desde entonces es carretero. Transporta los materiales y enseres que le quepan en su carretilla hecha con pedazos de madera.
-Hubo un tiempo en el que venía un sacerdote que nos hacía misa en la esquina -recuerda-, pero lo trasladaron y nunca más nadie volvió por aquí.
Eso no significó que la tradición se muriera. Después del Sagrado Corazón, los chatarreros, casi en un homenaje silencioso a Pipeda, vienen y ponen las imágenes ellos mismos.
-Todos tenemos devociones distintas y pedimos a distintos Santos-, afirma Chepe.
Al lado del Sagrado Corazón está la fila de estampitas con imágenes de varios santos, muchos de ellos, de devociones populares. Más arriba, el Divino Niño en varias versiones y la imagen de Nuestra Señora como María Auxiliadora.
-Pero hay gente a la que no le gusta mucho-, opina el Perro, quien es devoto de la Santísima Trinidad-. Han pasado y nos han dicho que quitemos eso de ahí, que para qué los santos.
Él dice que han servido. A pesar de que no se gane mucho, en este sector de Guayaquil nunca faltan trabajo ni platica para sobrevivir.
Flores de plástico
Sin embargo, debido a que las imágenes están a la intemperie, muchas veces el viento juega con ellas y se las lleva.
Pero eso no los desalienta. Ellos vuelven a sus carretas, buscan y reponen las imágenes. Y no sólo eso, el muro está adornado con flores artificiales, que son lavadas cada cierto tiempo por Adolfo.
-También le hemos puesto algunas luces para que por la noche la gente venga y también les rece a los santos-.
Chepe y el Perro deben volver a sus labores. Cada uno mira hacia el muro de sus santos y le pide algo. Siempre es lo mismo o tal vez, este día traiga alguna intención especial. No se sabe, porque todo queda en el corazón de cada uno.
-Nosotros vamos a seguir con esta tradición porque es algo muy bonito, que nos une y nos llena de energía para seguir adelante-, apunta Adolfo.
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