Y nos quedamos sin ver a Le Parc. El referente mundial del arte cinético estuvo a punto de hacer una exposición en Medellín, pero los seguros eran tan altos que nos quedamos sin ver esa obra que se mueve sin moverse.
El argentino radicado en París ya había mostrado su obra a los asombrados ojos de los antioqueños hace más de 20 años. En 2004 hubiera podido volver a estar aquí.
Detrás de esa posibilidad estaba Hildebrando Mejía, de Galería Arte Autopista. El artista le dijo que claro, cómo no iba a exponer en su sala, si le gustaba tanto. Si se amañaba tanto en esta ciudad. Si disfrutaba de su comida y su folklor. Le explicó, sin embargo, que las cosas habían cambiado con relación a esas lejanas ocasiones. "Me da pena decirlo, pero soy una figura mundial".
El artista pidió pasajes desde París, alojamiento en hotel cinco estrellas y alimentación, todo lo cual para dos personas adicionales, la esposa y el hijo. Pero nada de eso se le hizo excesivo a Hildebrando. Tampoco el auto con chofer-guía que los paseara a los tres.
"Eso subiría unos milloncitos, pero bien valía la pena para apreciar la obra de este importante artista". Lo que se le hizo aterrador al galerista fue cuando escuchó la última de las "condiciones": seguro contra todo riesgo para sus obras desde que salieran de su taller en París hasta que volvieran a entrar a éste. "Hice cotizar el amparo. Digamos, 30 cuadros de unos 400 millones de pesos cada uno, en promedio. Más de 31 millones de pesos valía el seguro, fuera de los gastos de transporte de las obras, ¡para que de pronto no se vendiera ninguna!".
Así es el tema de los seguros en el arte. Son lo más caro de las exposiciones, coinciden en decir las personas de museos y galerías.
Un caso semejante narra Carlos Velásquez, comunicador de la Casa Museo Pedro Nel Gómez. Uno de los primeros intentos que hizo la nueva administración de la institución fue la de presentar una exposición de Débora Arango, como alumna de Gómez, con obras del Museo de Arte Moderno. "La póliza que debíamos pagar era de unos 150 millones de pesos por los días de la muestra. De modo que fue imposible realizarla".
En nuestro medio, casi no se aseguran obras de arte. Ni los museos, ni las galerías, ni los particulares.
En el Museo de Antioquia, por ejemplo, invierten más en seguridad y vigilancia que en seguros. En el de Arte Moderno, dice Óscar Roldán, su curador, tienen una póliza integral con Sura, que incluye el edificio y todo lo de adentro.
No hay plata que alcance
Casi no se recurre al seguro por varios motivos. Uno, que las obras son costosas y los seguros serían "impagables". Por ejemplo, la colección de Botero en el Museo de Antioquia, si bien, desde el mismo momento en que cuadros y esculturas se convirtieron en bienes del Museo perdieron valor comercial, salieron del mercado y adquirieron valor patrimonial, es claro que, en caso de asegurarlas, tendrían que tasar su precio comercial. El Museo no tendría con qué funcionar por pagar pólizas.
Hildebrando y Ana Lucía Mejía, de Arte Autopista, dicen: una aseguradora te ampara lo que sea: las nalgas de una modelo, la mano de un cirujano, las piernas de un deportista, la nariz de un catador, las obras de arte... ¿Pero a qué costo?
En Colombia no existe una aseguradora especializada en arte, dice Ana Lucía. La modalidad más utilizada es la denominada "clavo a clavo", que respalda los cuadros desde que "se descuelgan de un museo o galería y se cuelgan en otro", indica ella.
Nuestros museos aseguran las obras que hacen parte de una exposición, muchas veces con ese plan "clavo a clavo". Porque esa es una condición de los creadores o de otros museos del mundo que prestan parte de sus colecciones.
La gran exposición del Museo de Antioquia España Encrucijada de Civilizaciones, de diciembre de 2008 a febrero de 2009, fue patrocinada por el Gobierno ibérico, incluso en el tema de los seguros, según cuenta el director financiero del Museo, Fredy Gómez. Y así, con apoyo internacional se logra financiar muchas actividades.
En cuanto a los particulares, si alguien quiere asegurar un cuadro o escultura, puede hacerlo, pero, según el mismo Hildebrando, la aseguradora le pregunta: qué otra póliza tiene con nosotros. Y el sujeto contesta, por ejemplo: una que ampara mi casa contra incendio. Entonces sí, le aseguran su obra. De lo contrario, es difícil.
Asegurar una obra también implica declararla, explica Óscar Roldán. Por eso, muchas personas no aseguran las que tienen decorando su sala u oficina para evitar el pago de impuestos.
Una de las personas que habla en este informe indica: "las aseguradoras aseguran lo que tiene pocos riesgos de dañarse o perderse. Exigen, antes de firmar la póliza, reforzar trancas de puertas y ventanas, instalar alarmas conectadas con la policía... Después de eso, firman".
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