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En Medellín viven ahora los ángeles

CON EL ÁNIMO de salvar a las niñas desamparadas víctimas de la descomposición social nació hace casi 10 años la Fundación Ángel de Mi Guarda. El milagro ha obrado ya en 20 pequeñas, entre los 4 y los 16 años, que actualmente conviven en este hogar. La mirada es otra.

  • En Medellín viven ahora los ángeles | Robinson Sáenz | Las cicatrices de experiencias amargas se van cerrando en este hogar donde las niñas se reconocen a sí mismas y crean las fortalezas que aplicarán más adelante en su vida. Aquí hay tiempo para la formación, la educación y la diversión.
    En Medellín viven ahora los ángeles | Robinson Sáenz | Las cicatrices de experiencias amargas se van cerrando en este hogar donde las niñas se reconocen a sí mismas y crean las fortalezas que aplicarán más adelante en su vida. Aquí hay tiempo para la formación, la educación y la diversión.
02 de septiembre de 2010
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No es un internado ni tampoco un hospicio. Simplemente es un hogar donde 20 niñas entre los 4 y los 16 años de edad conviven en familia mientras las forman y les aseguran un digno futuro.

Se llama Fundación Ángel de mi Guarda, una institución sin ánimo de lucro que nació hace casi diez años, por esas cosas del azar como dirían algunos, o mejor "por la voluntad de Dios", como prefiere definirlo Ángela María Restrepo, la directora.

Ella y un grupo de amigas, que habían sido animadas por el sacerdote jesuita Rodrigo Ospina a que unieran esfuerzos e iniciaran una institución, adelantaban una labor social en una de las comunas de Medellín, cuando vieron la necesidad de acoger a siete niñas víctimas de la descomposición social.

"Para las mamás de ellas nosotros aparecimos como ángeles caídos del cielo, y para nosotros las niñas han sido regalos de Dios", afirma Angelita, como la llaman cariñosamente en este hogar, mientras explica el origen del nombre de la institución.

Independientemente de sus edades y orígenes, cada una de estas pequeñas encierra una profunda historia. Algunas son huérfanas y otras muchas llevan grabado un despertar a la vida que ha dejado hondas cicatrices.

Gracias al amor, al trabajo psicológico y a la entrega de socios y voluntarios, el milagro de la recuperación se obra aquí todos los días.

Así lo registran los ojos y rostros de Fabiola, Marina, Isa, Nicor, Gina, Marcela, Camila, Paola, Xiomara y Carolina. También los de Andrea, María Fernanda, Daniela, Andrea, Daniela, Yeimi, Leidy, María Isabel y María.

"Aquí las formamos integralmente para que aprendan a vivir en comunidad. Para lograrlo cimentamos la formación en dos pilares: el respeto y la responsabilidad", precisa Angelita.

Una norma clara de este hogar es hablar siempre con la verdad. "Lo primero que nos enseñan es a no mentir", anota la pequeña Marcela.

Disciplina
El buen cumplimiento de las normas permite que esta casa marche. La levantada es a las 4:00 a.m., tienden sus camas, se bañan y cepillan los dientes, ayudan en el aseo general, desayunan, lavan sus platos y salen a estudiar. "Desde que llegan se les enseñan los oficios del hogar", agrega Angelita.

Las más pequeñitas van a la guardería Gasparín y las otras al colegio Francisco Antonio Zea y a la escuela Pedro de Castro. Al llegar a la casa hacen las tareas, lavan sus uniformes, rezan el rosario y se acuestan a las 8:00 de la noche. Para facilitar las tareas de aprendizaje, siete de las adolescentes hacen las veces de madrinas de las más pequeñas.

Además de Angelita como directora están, de tiempo completo, la sicóloga, Ana Lucía Marín Villegas; Marta Odila Cataño, coordinadora y dos voluntarias del Sena. A ellas se suman los 12 miembros de la Junta, la familia Palacio Isaza, José Fernando Hoyos, la Fundación Saciar, los colegios Jesús María y San Ignacio, así como diversos voluntarios.

Cualquier donación en especie (Calle 35 No. 85-36, barrio Simón Bolívar) o en dinero (Bancolombia Cuenta de Ahorros No. 10315114649), es bienvenida, todo sirve. También requieren, de manera voluntaria, quien pudiera dar clases de inglés y de música, "para formar un coro", sueña Ángela María Restrepo.

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