Haciendo barritas con palos de madera en vez de tubos. A ese punto llegó el amor por el ejercicio en La Cruz, centroriente de la ciudad, donde un peladero fue adaptado con un par de tablas, en forma de arco, para hacer las tradicionales barras.
Pero algún día tendrían que cansarse de eso. "Gracias a la gente del Inder y a la actitud de los muchachos, cambiaron ese panorama. Reciclaron y soldaron unos tubos y luego los llevaron al barrio. Se dieron a la tarea de tener algo digno", sostiene Juan Gonzalo Yarce, del Centro de Promoción de la Salud del barrio La Cruz.
Allí está, justamente, uno de los gimnasios urbanos que lograron identificar en su investigación y proyecto de Gimnasios Urbanos, Juan Camilo Hernández y Luis Gabriel Caldas.
Ellos se dedicaron a hacer una exploración de estos lugares a partir de una duda: "¿qué espacios tienen los hombres mayores de 14 años para hacer deporte?
La mayoría de ofertas son para menores, adultos mayores y mujeres. Los adultos juegan fútbol y hasta ahí. Por eso es que estos lugares son un gran foco de deporte", sostiene Luis Gabriel, sociólogo, quien vio que el hombre tiene ofertas de actividad física para prevención y salud, pero poco en lo recreativo (uso de tiempo libre).
Recorriendo la ciudad, con cámara y micrófono en manos, encontraron cuatro tipos de lugares: 1. Los gimnasios artesanales; 2. Las barras libres; 3. Los centros de acondicionamiento físico; 4. Los gimnasios al aire libre.
La primera pareja se refiere a esos parques infantiles, acondicionados o no, para hacer barras. El Inder Medellín ha reconocido 67 de estos lugares en la ciudad, mientras que la Secretaría de Obras Públicas tiene a más de 900. En ese grupo entra el famoso conjunto del estadio, que tiene más de 60 usuarios por hora en el día. También el de palos en La Cruz.
"Nacen por necesidad de la comunidad, que convierte los pasamanos en lugares para barras y los tarros de cemento en pesas. La mayoría son por autogestión", anota Hernández, gestor administrativo que trabaja con el Inder, y quien impulsa el tema.
Por ejemplo, en la unidad de Miraflores, "don Efraín entregó los elementos de un gimnasio, pero con la nueva unidad deportiva los regaló a la comunidad, y los usuarios se los llevaron a sus casas. Es uno de los lugares más característicos de la ciudad y ahora necesita equipos", anota Juan Camilo, quien en su trabajo de campo encontró que los más importantes son los del estadio, Santa Lucía, Belén, Divina Eucaristía (El Poblado), entre otros.
De los nuevos
En los últimos años, y conscientes de este fenómeno, varias instituciones tomaron la iniciativa de hacer de lo artesanal algo profesional. Fue cuando salieron los centros de acondicionamiento y los gimnasios al aire libre.
"Son estructuras más elaboradas, construidas para este fin, que son de carácter público y al aire libre. Unas especies de máquinas que resisten el sol y el agua", anota Hernández, quien desde el Inder pudo conocer, de primera mano, los centros de La Milagrosa, Castilla y de la carrera 73, que buscan un acondicionamiento para el adulto.
También están las máquinas, tipo gimnasio, pero al aire libre, como las que tiene el Tulio Ospina. Máquinas que están hechas para soportar desde la lluvia hasta el vandalismo. Son una nueva forma de hacer deporte.
Hoy, en La Cruz cambiaron los palos por unos tubos que sobraron del Atanasio Girardot. Con su sudor lo tienen, por ahora, convertido en un extraño pasamanos. La idea es transformarlo en un gimnasio al aire libre. Les hace falta.
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