Hay discusión entre Fenalco y EPM acerca de la venta de electrodomésticos a través de créditos amortizables en la factura mensual de servicios públicos. El sistema es similar al de Codensa en Bogotá. Fenalco lo considera una competencia desbalanceada mientras que la Contraloría municipal lo encuentra viable.
Es importante valorar los argumentos de ambos lados: si lo que busca EPM es vender electrodomésticos para facturar más y para que la gente consuma más, estaría actuando como agente común de mercado, con posición privilegiada, sin tener en cuenta que su función principal como estado es proveer el mejor servicio de energía (no la mayor cantidad) a los menores costos y riesgos sociales, económicos y ambientales, maximizando la calidad de la vida y minimizando el consumo suntuario, especialmente para los estratos más necesitados. En la medida en la cual todos consumamos más, requeriremos nuevas fuentes de energía o de agua, más costosas, más lejanas. Competiría con economías de escala y clientela más segura, sin que sea la esencia de su misión, a menos que combata la usura, que no es el caso aparentemente.
Si el proceso propuesto por EPM hace parte de un esquema de reemplazo de los electrodomésticos viejos, de alto consumo energético, por aparatos nuevos que permiten la disminución del consumo eléctrico de la ciudad, estaríamos ante una estrategia estructurada que ayudaría a los ciudadanos a abaratar sus servicios públicos, al medio ambiente por el menor impacto energético y a la misma EPM al liberar energía para otros clientes nuevos. El Ministerio de Ambiente lideró recientemente el reemplazo de neveras obsoletas que contienen gas freón, uno de los causantes de la destrucción de la capa de ozono.
Desde hace varios años hemos propuesto la creación de las "Empresas de Servicios Públicos de Cuarta Generación", que consisten en instalar todos los aparatos de ahorro y uso eficiente de energía y agua en cada casa, edificio, fábrica y empresa, descontando su costo en la factura. El ahorro logrado permite amortizar el precio de todos los equipos y artefactos instalados. Una vez los usuarios terminan de pagarlos, EPM podría proponer que inviertan parte del ahorro logrado en sociedades innovadoras lideradas por la Empresa como podría ser la construcción de más generación de energía de viento, en la que se lució EPM con Jepirachi en la Guajira hace algún tiempo u otras energías alternativas como la solar o el biogas. La energía y el agua sobrantes servirían para atender nuevos clientes sin costos adicionales de expansión del sistema, resultando en menores costos promedio de operación y administración. EPM no disminuiría su facturación porque ofrecería la energía y agua disponibles a nuevos usuarios.
Si los colombianos ahorramos un 15% de los 13.400 megavatios instalados de electricidad, contaríamos con energía casi equivalente a otro Pescadero-Ituango, para ofrecerla a Centroamérica a precios atractivos, con ventajas para todos. Lo lograríamos instalando bombillas fluorescentes, nuevos electrodomésticos más eficientes y otros aparatos novedosos como calentadores solares y celdas fotovoltaicas, que podrían ser el producto de una alianza entre EPM, Haceb, las universidades y el Parque Tecnológico de Antioquia, por ejemplo. El reemplazo del alumbrado por iluminación más eficiente es también una tarea pendiente.
Los ciudadanos usaríamos parte de los ahorros en la factura para asociarnos a EPM avanzando hacia "un país de propietarios". Esa sería una función de Estado, que ratificaría el liderazgo de EPM como la empresa visionaria de servicios públicos a la cual admiramos tanto.
* Gerente Parque Tecnológico de Antioquia
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