A las comunicaciones de Rafael Ignacio Suárez y Juan José Álvarez, a las que me referí en la columna anterior, se suma la de la lectora Omaira Guzmán, quien pregunta: "...¿No es una falta a la ética dar crédito a chismes y rumores con los que publican la prensa amarillista, la radio y la TV, sabiendo que muchas veces los buscan de manera fraudulenta, como el caso del periódico de Londres al que usted se refiere en su columna?".
Tienen razón los lectores en interesarse por un asunto que en nuestro medio no ha tenido suficiente análisis.
La investigación avanza en Inglaterra y tal vez se extienda a otros países y regiones en donde Rupert Murdoch tiene sus medios de comunicación. Esta semana se supo que fue arrestada otra persona: Greg Miskiw, exdirector News of the World , que laboró una temporada larga bajo las órdenes de Rebekah Brooks, una de las editoras más comprometidas en el delito de interceptación ilegal de los teléfonos de famosos, políticos y víctimas de crímenes escandalosos. La cuenta va en doce implicados entre editores, reporteros y policías.
También se conoció esta semana que dos consagrados periodistas de investigación de The New York Times, Sarah Lyall y Don Van Natta, publicarán un libro que narrará la historia de ese periodismo con pies de barro practicado por News of the World.
De acuerdo con los testigos, entre ellos varios periodistas que trabajaron en el periódico sensacionalista, las órdenes eran claras y contundentes: "Haz lo que tengas que hacer para conseguir resultados", según lo publicó la agencia de noticias AP que habló con tres de ellos.
Y lo lograban, mediante el pago a la policía para que revelara los números telefónicos y rastreara las cuentas pagadas con tarjetas de crédito por famosos y políticos, víctimas de las chuzadas . Se estima que fueron más de 4.000 comunicaciones interceptadas ilegalmente por los periodistas y los técnicos de la policía.
Las normas éticas y legales del ejercicio periodístico son claras y sencillas. Murdoch tiene medios de comunicación serios que las respetan pero quizá su afán por el dinero, la fama o el poder, las distrajo, en este caso del periódico londinense que él mismo extinguió, tras la revelación de haber interceptado el teléfono móvil de una menor desaparecida y asesinada y de haber manipulado el buzón de mensajes para que ingresen otros.
Quedan lecciones para los periodistas. El periodismo solo puede usar métodos lícitos para obtener la información, no puede violar los derechos humanos, no puede buscar datos por debajo de la mesa.
Estos métodos ilícitos se extienden al uso de filtraciones o de informaciones sin contrastar, simples rumores, que buscan manipular la opinión y aumentar las audiencias a cualquier precio, incluso a costa de la intimidad de las personas y de sus legítimos derechos. O estimular el morbo, la violencia y la espectacularidad para obtener esos beneficios económicos y de poder.
Considero que los lectores tienen su cuota de responsabilidad. Lectores críticos y activos ayudan a mejorar la calidad del periodismo. Porque, al fin y al cabo, ellos son los titulares del derecho a la información.
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