Cada madrugada, antes de salir a entrenar por las carreteras de Antioquia, Arley de Jesús Montoya le da un sonoro beso a su esposa Yuliana Suaza.
Ese, que ha sido un verdadero ritual para ellos, es la forma de agradecimiento a su compañera de existencia, al sacrificio, los cuidados y la comprensión que le ha dado durante estos años al bravo escalador que volvió por sus fueros.
De tiempo atrás, por allá en el 2008, el pedalista nacido y surgido de Valparaíso se perfilaba para grandes cosas.
En la Vuelta del Porvenir y en la Vuelta de la Juventud se hizo sentir con sus triunfos de etapa o en la montaña.
Sin embargo, tras su paso al Orgullo Paisa, no logró confirmar lo que mostró en la carretera, en la que se veía como un fortísimo escalador, de quien incluso se creía que podría ir al Viejo Continente.
Quiso el destino, que Arley de Jesús no tuviera la ocasión de poder establecer el puente que lo llevara Europa y debiera permanecer como gregario, condición que adoptó en las filas del GW-Shimano, para varios de sus compañeros que pasaron por allí.
Por fortuna, hoy, el técnico Óscar de Jesús Vargas -graduado en Barcelona como entrenador- le brindó una oportunidad, la que asumió como segundo aire para aprovecharla en lo que va del año. "Este año me he sentido en gran forma. Cuento con el apoyo total de mi esposa. Óscar de Jesús me brindó el espaldarazo y he tenido todo el apoyo de la familia GW. Estoy muy motivado, lo que se ajusta perfectamente a mi autodisciplina. Por algo me dicen el "viejito" dentro del equipo", cuenta desde Bucaramanga, después de haber realizado el reconocimiento de la contrarreloj por equipos, que fue ampliada a 29 kilómetros.
"La Vuelta será muy distinta. La cicla pone a cada uno en su lugar", considera el rutero de 28 años que volvió a portar el número uno de su elenco, mientras tiene en Yuliana a la seguidora que le brinda total seguridad.
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