En las mañanas aprovecha que no hay nadie, o casi nadie, para sentarse a leer, sin que lo molesten. Entonces, si le da la gana, puede leer en voz alta o no hacerlo.
Esteban es un ratón de biblioteca. "Ha aprendido a leer solito", dice César Cano, el promotor de lectura. Llega todos los días, les dedica dos horas a los libros y a las 12, cuando su mamá lo llama, porque va a llegar tarde a la escuela, el pequeño, casi on gestos de pataleta, grita que se quiere quedar leyendo.
Eso lo cuenta César, porque Esteban, como cual ratón, sale corriendo, a mil, si llega alguien desconocido. "Es tan tímido, que se va. Al principio leía las imágenes. Ya sabe leer".
Y aunque quizá hace 30 años, Clemencia Gómez no se alcanzó a soñar que hubiese niños como Esteban, que agradecen tanto ese lugar lleno de libros, a promotores como César el corazón se les acelera de la felicidad.
"Es la emoción de ver a una Sara, a un David o a un Esteban, que vienen todos los días a encontrar compañía en los libros".
Porque es que a Sara y a David Urrego, dos hermanos de 7 y 12 años, nadie los obliga a llegar al centro de lectura de la Fundación Ratón de Biblioteca, que está en el barrio Manrique Guadalupe. Llegan, por sí mismos.
"Aprendemos muchas cosas de los libros, podemos hacer talleres y las tareas. Vengo todas las mañanas y todos los sábados, porque me gusta mucho leer y saludar a los profesores", cuenta la niña, que a diferencia de Esteban, habla hasta por los codos.
Pequeños ratones
Clemencia Gómez le dio vida a Ratón de Biblioteca en 1981. En esa época a ella, que era una enamorada de los libros y una gran viajera, se le ocurrió que quería tener una relación más cercana con los bibliotecólogos y con la gente de los barrios menos favorecidos.
Llevar los libros, que en ese entonces no eran tan accesibles, a las comunidades. Y empezaron con las cajas viajeras.
Con el tiempo, la Fundación se ha convertido en una "casa", como expresa Yamili Ocampo, la coordinadora de Ratón, para pequeños y grandes también, que se interesan en la lectura.
"Nosotros no queremos que lean por leer, por acumular conocimiento. Queremos lectores íntegros, que a partir de lo que leen, piensan sus propias vidas y sus barrios, pese a las situaciones adversas, de una manera diferente".
Por eso en el centro de lectura y en las otras tres bibliotecas que tiene la ONG, no sólo leen. La relación con los libros pasa por el arte, el teatro, el cine, el periodismo. Todo en una mirada social.
Tal vez por eso los ratones de esta fundación son tan niños, como señores ya grandes, que buscan que las lecturas los atrapen y que sin darse cuenta, les sobrepase su vida misma. Por eso, también, los 30 son tan bien recibidos.
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