En el suelo, parece un juguete, un helicóptero a control remoto, que vuela por pura diversión. Sin embargo, esta pequeña nave se impulsa con seis motores eléctricos.
Está equipado con una cámara de fotografía y video, con los que se levanta hasta los 200 metros, su altura máxima, para hacer registros específicos.
Una de las diferencias con otras propuestas, señala Luis Carlos Velásquez, su propietario, son las gafas equipadas con una cámara, que permiten visualizar lo que ve el helicóptero.
Lo que es útil, en especial, para obturar la foto en el preciso instante. Aunque maniobrar el control no es un asunto tan complejo, siempre deja a Luis Carlos con un sudor frío por la responsabilidad y el costo del equipo: 32 mil dólares.
De hecho, entrena en simuladores y realiza en promedio dos vuelos por semana. La mayoría de ellos son comerciales, aunque ha apoyado registros de tragedias.
Para controlarlo tiene que estar en su rango visual (avanza hasta los 200 metros en línea recta), y debe estar pendiente de los LED, verde y rojo, que están en cada una de las bases.
Puede activar el sistema de posicionamiento GPS para que se quede estático, con el fin de captar fotos que luego le permitan crear panorámicas de 360 grados.
En una oportunidad, su pequeño vehículo se le perdió de vista por una tarde. Sin embargo, viene con un sistema de seguridad, que se activa para apagarlo y aterrizar, antes de que se le acabe la batería, que dura 10 minutos. Por ello, anda con seis de repuesto cargadas en el vehículo. Cada vuelo es una exhibición de tecnología y de pericia por parte del piloto.
Una manera de ver el suelo desde otro ángulo.
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