Por explicable tendencia a exaltar sin valoración ética el protagonismo histórico de los guerreros y subestimar la presencia de los personajes representativos de las letras y el pensamiento, la muerte del escritor y estadista checo Vaclav Havel pasó a un segundo plano el mismo día en que moría el déspota norcoreano Kim Jong Il.
Para los nostálgicos del comunismo utópico, la realidad y la experiencia no tienen sentido relevante. Su apología del marxismo teórico ignora la tragedia que padecieron los pueblos cercados por la Cortina de Hierro. También olvidan o desconocen, por ejemplo, que Vaclav Havel tuvo que aguantar varios años de prisión por causa de su espíritu disidente, desde cuando respaldó la Primavera de Praga en 1968, más tarde cuando firmó el Manifiesto de las dos mil palabras en 1970 y después cuando encabezó la firma de la Carta 77 contra la opresión soviética. Lideró movimientos libertarios mediante su palabra sugestiva y convincente de ensayista y dramaturgo comprometido.
A fines de los setentas, Heinrich Böll y Gunther Grass firmaron con otros intelectuales una carta en la que le reclamaban al régimen checoeslovaco la liberación de Havel y otros disidentes reconocidos entonces en Europa y el mundo libre como exponentes de la cultura checa. El diario oficial del Partido Comunista en Praga, Rude Pravo , trató entonces de justificar el confinamiento de los opositores por «haber desarrollado una actividad subversiva contra el Estado y la sociedad y haber mantenido contactos con centros en el extranjero». En las tiranías ha sido muy común el delito de opinión.
De Havel conocimos testimonios elocuentes. En el Literario Dominical publicamos escritos suyos. Recuerdo el discurso de aceptación del Príncipe de Asturias , en 1997. Cuando estuvo en la vanguardia de la Revolución de Terciopelo en 1989, mucha gente puso en duda que un escritor pudiera ser buen gobernante. Pronto demostró sus dotes de líder y estadista. Sea breve, por favor , es una defensa de los valores que deben inspirar la política.
En el discurso de año nuevo de 1990, como Presidente, inauguró en el Castillo de Praga una época: "El régimen anterior, armado de su ideología arrogante e intolerante, redujo al hombre a fuerza de producción. Convirtió gente talentosa e independiente que trabajaba con destreza en su propio país en tuercas y tornillos de una máquina monstruosamente gigantesca, ruidosa y maloliente cuyo verdadero propósito no le estaba claro a nadie".
Vaclav Havel soñó con "una República humana que sirva al hombre y por ello pueda esperar que el hombre le sirva también a ella. Con una República de hombres cultos. Sin ellos no sería posible resolver ni uno solo de nuestros problemas humanos, económicos, ecológicos, sociales y políticos". Era un campeón memorable de la libertad.
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