Un joven guatemalteco auxilió a una mujer que era asaltada. Ocurrió antes de las seis de la mañana en una calle de Queens, N.Y.
Hugo Alfredo, de 31 años, recibió varias heridas de puñal en el pecho. Corrió detrás del asaltante, no pudo más y cayó tendido bocabajo en la acera. Y así estuvo durante una hora y 20 minutos, mientras 25 personas pasaron a su lado, lo observaron, le hicieron fotos con sus teléfonos, y ninguno se decidió a auxiliarlo.
El buen samaritano, como lo han llamado los medios en E.U., murió desangrado y no encontró un alma caritativa que le ayudara a sobrevivir, tal y como él acababa de hacer con la mujer que iba a ser atracada.
Cómo duele la indiferencia. Mucho más, cuando se lleva en su rostro impávido, la vida de pequeños héroes como Hugo Alfredo.
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