Israel corrió un riesgo que los expertos militares esperan que haya sido bien calculado al lanzar dos ataques aéreos en el corazón del régimen sirio, en Damasco y sus alrededores, uno el viernes y otro el domingo.
Si bien las circunstancias de esas operaciones todavía son confusas, representan una innegable escalada en las relaciones entre Israel y Siria. Así pues, no podría descartarse el riesgo de un enfrentamiento directo entre los dos países, que podría extender el conflicto sirio a toda la región.
Pero las autoridades israelíes evidentemente le apostaron a lo contrario: al negarse a toda confirmación oficial, muestran su interés por no darle al régimen del presidente Bashar Al Assad motivo de represalia. Israel confía en que Siria no desea abrir otro frente con un país cuya potencia militar no tiene igual en la región, en momentos en que es incierto el futuro de la guerra civil que trata de sofocar.
Esa es la línea de conducta que siguió el 29 de enero, cuando Israel lanzó un ataque aéreo no lejos de la frontera sirio-libanesa, contra un convoy que transportaba misiles antiaéreos SA-17 (de fabricación rusa), destinados al Hezbolá. El movimiento chiita libanés, así como el gobierno sirio, capitalizaron el mutismo oficial israelí y eligieron no reaccionar.
Israel facilitó esa retención evitando penetrar en el espacio aéreo sirio; los ataques aéreos del viernes y del domingo, al igual que el de enero, se lanzaron desde el espacio aéreo libanés (gracias a los misiles de largo alcance), el cual es violado cotidianamente por Israel desde la segunda guerra del Líbano de 2006. Estos últimos meses se han producido varios incidentes armados en la región del Golán, con la caída de un obús sirio en territorio israelí, que implicaron una respuesta militar israelí muy limitada.
En lo esencial, empero, los dos países han preservado la paz desde hace cuarenta años, aunque oficialmente se encuentren todavía en estado de guerra desde la de los Seis Días en 1967. Si los ataques israelíes del viernes y del domingo, que fueron confirmados por un alto funcionario israelí anónimo citado por la AFP, presentan un mayor riesgo de contagio regional, es en razón de su tamaño.
El ataque del viernes tuvo por blanco un almacén situado en el aeropuerto de Damasco, que guardaba misiles terrestres de fabricación iraní, el Fateh-110 (cuya versión siria es el M-600).
Según las versiones, ese misil de precisión tiene un alcance de 200 a 300 kilómetros, lo que le permite alcanzar prácticamente todo el territorio de Israel. Sin embargo, hay dudas sobre el tipo de misiles destruidos, pues otras fuentes mencionan los misiles balísticos Scud, que han sido utilizados por el ejército contra los rebeldes, y de los cuales fueron proporcionados varios ejemplares al Hezbolá hace dos años.
Según The New York Times, el almacén afectado estaba bajo la vigilancia de milicianos del Hezbolá y de la fuerza Al Qods, las fuerzas especiales de los guardias de la revolución de Irán.
A despecho de la advertencia lanzada por el gobierno sirio, para el cual "la agresión israelí abre la puerta a todas las posibilidades" (entendiéndose represalias), el hecho de que el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, haya salido del país para hacer una visita a China de cinco días, acredita la idea de que la crisis tendrá consecuencias limitadas, o al menos eso es lo que Israel quiere hacerle saber al régimen sirio.
Para lo que se ofrezca, el ejército israelí desplegó el domingo dos baterías antimisilísticas Iron Dome, una en Haifa, la gran ciudad costera del noroeste; la segunda en Safed, al noreste, cerca de la meseta del Golán. Por lo demás, el espacio aéreo israelí está cerrado hasta el 9 de mayo. La primera conclusión que se impone después de estos ataques es que el ejército israelí perdió su capacidad de disuasión ante el Hezbolá.
Los responsables israelíes esperaban recuperarla con el ataque del 29 de enero, pero no fue así.
El movimiento chiita libanés, así como el régimen de Damasco, tratan de poner a salvo en territorio libanés sus armamentos más avanzados que pudieran ser recuperados a favor de los combatientes del Ejército Sirio Libre o por grupos islámicos radicales.
Israel declaró en varias ocasiones estas últimas semanas que no permitiría que cayeran en manos del Hezbolá armas capaces de "cambiar las reglas del juego". Entre estos se encuentran los misiles Fate-110 y Scud, los misiles antiaéreos SA-17, los misiles rusos Yakhont y, por supuesto, las armas químicas que estén en posesión del régimen sirio.
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