Si el héroe de Ayacucho y de Chorros Blancos no estuviera muerto, a causa de la edad o del sablazo irlandés que le propinara Rupert Hand, tal vez buscaría estarlo al ver su nombre en el aeropuerto interveredal, perdón, "internacional", que "sirve" a la ciudad de Medellín.
Tal vez fue una de esas olas de mala suerte que me embisten o que el universo se había confabulado contra mí en una especie de singularidad astronómica, lo que puede explicar mi reciente experiencia en dicho aeropuerto, que está en proceso de "mejoramiento".
Para recibir a mi hermana que venía del exterior y tener disculpa de comerme un morito, llegué una hora antes al aeropuerto, por una de las pocas vías de salida no fluviales de la ciudad "imparable". Una vez cumplido el ritual de sobredosis de calorías, me dirigí a buscar en las pantallas la hora de llegada del vuelo. ¿Pantallas? Cuáles pantallas. ¿Por qué no nos dijeron que el nuevo aeropuerto era sólo para telépatas? La señorita de información me dijo que "de esas cosas" solo había en las salas de llegada y no en las de salida de pasajeros. ¿Alguien entiende?
Sin saber la hora, porque en este aeropuerto interveredal no hay ni un solo reloj, objeto desconocido por su alto nivel tecnológico al que solo tienen acceso países miembros del G7, me dirigí a las salas de llegada y vi una pantalla, pero adivinen, no estaba funcionando. ¿Será que para tecnología de punta tan sofisticada no existe personal capacitado que pueda encenderla?
Preguntándome si fue un desconocido terremoto la causa de ver el cielo raso de la sala puesto sólo en partes o si es que tan difícil tarea solo podrá hacerse con especialistas de la Nasa, me resigné a mi suerte y con paciencia decidí esperar, parado, porque no había más de veinte sillas, a que al menos anunciaran la llegada del vuelo por los parlantes que por alguna extraña razón sí compraron. Pobre iluso. Después de 45 minutos de no oír ningún anuncio, me preguntaba si era que mi negra suerte había ocasionado el cierre del aeropuerto, pero ni en eso acerté, la respuesta fue que los parlantes "no funcionaban". Para estirar las piernas y todo lo contrario con mi vejiga me dirigí a los baños, pero la puerta cerrada de los mismos me lo impidió. La señora que salía de ellos me dijo que no "había baños por el momento" porque los estaban alistando. Confieso que en ese momento pensé que estaba en un episodio de "Cámara Escondida". Lleven sonda la próxima vez.
Por fin llegó el avión, no anunciado, y empezamos a ver a los pasajeros que se bajan del avión por una escalerilla de la década de los 60, porque los puentes, objetos dificilísimos de hacer, no han llegado. Un embolador con quien conversé, el único que le da brillo a este aeropuerto interveredal, me dijo que lo que él sabía era que esas cosas eran unas "megaestructuras" nunca antes vistas en el mundo y que no se habían instalado todavía porque estaban filmando un programa del canal Discovery. Y para rematar este sartal de ineptitud, como todavía no se han inventado las barandas, la gente se abalanza hacia la salida a recibir a los viajeros y estos no pueden salir porque creen que una turba xenófoba ha decidido linchar a los extranjeros visitantes ¿Será que unos postecitos con unas correas que permitan salir con maletas estarán en proceso de patentamiento y por eso estos "genios" no las conocen?
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8