Por increíble que suene, su primer gol lo hizo cuando apenas tenía tres años de edad y hasta ahora ha sido el más importante de todos. Un golazo que le permitió superar la enfermedad de Hodgkin, un linfoma maligno en su cuello.
Durante un año, la vida de Juan Pablo Restrepo fue un partido de ida y vuelta, a punta de quimioterapias y radioterapias. Se le cayó el pelo, pero el amor de sus primos hizo que, solidariamente, se tusaran.
"Soy devoto de la Virgen de Guadalupe y María Auxiliadora; mi recuperación fue un verdadero milagro, algo que me cambió la vida", son las palabras de un religioso Juan Pablo.
Amor y control, de Rubén Blades , se convirtió en el himno de los Restrepo Alzate que estuvieron en los momentos más difíciles del joven. "Somos una familia unida, de 12 hermanos que nos apoyamos en todo. Cada vez que hay una dificultad basta con hacer las llamadas y la solucionamos entre todos", cuenta Olga María Alzate , madre del delantero que hoy hace parte de la Selección Antioquia.
Precisamente de ellos heredó la pasión por el fútbol. Tíos y abuelos le enseñaron a amar el deporte que hasta el día de hoy, dice Juan, le ha dado tantas cosas. Descomplicado como es, se sentó en el sillón de la sala en su casa, justo debajo de numerosas fotografías en las que es protagonista.
Al hablar Juan Pablo es difícil creer que tiene 16 años. La madurez que posee se hace evidente en cada palabra que pronuncia. Los retos afrontados le otorgaron crecimiento personal. Ahora, este talentoso joven es el goleador en la Selección antioqueña.
A sus 12 años jugó el Festival del Ponyfútbol con el equipo Moscú Uno de Manrique. "Fue una experiencia única e irrepetible sentir cómo te alienta la gente, llegar a la cancha Marte 1 y ver las graderías llenas es algo que nunca olvidaré", narra el jugador que convirtió el tercer tanto para pasar a la final del tradicional campeonato en el 2008, eliminando al Atlético Nacional. Fue tanta la felicidad de sus familiares que hasta trofeo le mandaron a hacer.
Hace tres años sus gambetas y quiebres de cintura se trasladaron a las divisiones menores del Deportivo Independiente Medellín, deleitó con su juego en la sub13, sub14 y ahora se encuentra en la sub16. Y no podría ser en otro equipo, pues los miembros de su familia son fieles hinchas del Poderoso de la montaña.
Su ferviente fanaticada es la familia que se siente orgullosa de que esté en la Selección Antioquia. Lo quieren mucho y conservan una relación de comunicación con él.
Como hijo único es el consentido en el hogar. Los mimos maternales nunca le han faltado. Olga María le escribe frecuentemente notas de apoyo que él, orgulloso, conserva y muestra. "Cuando sale de la casa a jugar los torneos me hace una falta impresionante, siempre le pido a Dios que me lo proteja, es como si se fuera un pedacito de mí".
A la enfermedad que lo aquejó de niño, le ganó el partido, y por goleada. Ahora, sus sueños están puestos en el profesionalismo. Juan Pablo, el joven al que la vida le dio una segunda oportunidad para triunfar, sueña con llegar al Barcelona.
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