¿Cuál es el Everest de los seres humanos? Con ese interrogante empezó su conferencia Nelson Cardona, un escalador que confiesa que fue más fácil llegar a los 8.848 metros de la montaña más alta del mundo con una prótesis como pierna derecha que superar el pánico sentido la primera vez que tocó un escenario para compartir su vida con empresarios.
Pero ahí está. Tiene 48 años, es manizalita y hablaba con soltura a más de 450 personas el auditorio de la Cámara de Comercio del Aburrá Sur para decirles, en el Día del Comerciante, algo que no es cuento, que ha experimentado: "Nos da miedo el éxito porque nos creemos incapaces de alcanzarlo".
Hace un año, en la mañana del 17 de mayo, después de días en medio de vientos huracanados y temperaturas de hasta 25 grados centígrados bajo cero, logró la hazaña mayor para cualquier alpinista y que solo otros dos discapacitados pueden contar: coronar el Everest.
"Así como cuando uno llega a una cumbre habrá otra mayor. Así, la cima del negocio no es el fin, es otro inicio para alcanzar uno mayor", dijo Cardona con convicción ante un público cautivado con sus palabras.
Las cumbres de la vida
Pero esa no es ahora su mayor cima. Tampoco es haber coronado más de 15 cumbres en Suramérica, incluyendo los 6.962 metros del Aconcagua, en los Andes argentinos, con cuatro militares colombianos, discapacitados como él, por minas antipersona.
Y menos que el regalo de cumpleaños de su padre, a los 12 años, fuera llegar a lo más alto del Nevado del Ruiz, en su Manizales natal.
Su mayor podio ahora no está en las nieves perpetuas, sino en una pista de atletismo donde logró la semana pasada la medalla de plata en los clasificatorios para los Juegos Panamericanos Paralímpicos, de Guadalajara, en noviembre próximo.
"Después de una juventud metido en la selva, hice mi vida en las montañas y ahora quién me creyera de velocista. Definitivamente, lo que la mente puede creer y conseguir, se puede lograr", comenta este hombre que en 1992 corrió, de pico en pico, 120 kilómetros desde Ibagué hasta Manizales en solo 18 horas. Hace diez años bajó su marca en dos horas.
'No creo en los límites'
Nelson sufrió un accidente en el 2007 que le partió el cuerpo, pero no el alma. Estuvo postrado nueve meses en un hospital. Y a pesar de las terapias, su pierna derecha le impedía volver a escalar.
Pensó en suicidarse, pero recapacitó. Decidió amputarla en noviembre de ese mismo año. Volvió a las montañas con muletas y luego con prótesis. Comenzó a entrenar con la única idea de concluir su propio proyecto: escalar con su prótesis las cumbres más altas de cada continente. Ya conoció la cima de cinco, solo le faltan dos: Vinson, en la Antártida (5.140 metros) y la Pirámide de Carstensz, en Oceanía (4.884 metros).
Después de hora y media de escuchar una historia apasionante, llena de altibajos, Doris Cardona, una empresaria de Envigado, comenta que "al escucharlo me doy cuenta que no se puede tirar la toalla, que uno puede tener muchas caídas, pero siempre se puede volver a intentar, sin desfallecer".
Ese era el propósito de Cardona: que tantos empresarios que le escucharan comprendieran lo que le repetía su padre: "No hay proyectos imposibles, sino hombres incapaces".
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