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La coca se chupa la savia de la selva amazónica

AUNQUE LOS CULTIVOS ilícitos no son la principal causa directa de la deforestación en el sur del país, sí actúan sobre otros factores que presionan la destrucción del bosque. Otra amenaza frente al cambio climático.

  • La coca se chupa la savia de la selva amazónica | Julio César Herrera | La pobreza es uno de los factores asociados a la deforestación por cultivos ilícitos. La región sur de Colombia y el Chocó biogeográfico han sido muy afectados. Foto de extracción en Chocó.
    La coca se chupa la savia de la selva amazónica | Julio César Herrera | La pobreza es uno de los factores asociados a la deforestación por cultivos ilícitos. La región sur de Colombia y el Chocó biogeográfico han sido muy afectados. Foto de extracción en Chocó.
03 de febrero de 2011
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No es la responsable de todo, pero sí induce al daño. Coca y deforestación en el sur del país, una relación que se estrecha la mano.

Una medición de la cobertura boscosa en la Amazonia colombiana entre 2002 y 2007 mostró el estrecho vínculo entre el cultivo ilícito y la pérdida de selva.

La investigación, en la que participó Liliana Dávalos, profesora de Ecología y Evolución en Stoony Brook University, fue publicada en Environment Science & Technology.

Si bien esa relación no era desconocida, permitió ver la incidencia directa de la actividad ilícita.

Dávalos, bióloga colombiana, dijo a EL COLOMBIANO que la deforestación por la siembra de coca con relación a la deforestación total observada es reducida. "Se observaron en la zona sur (desde Nariño hasta el Vichada y al sur hasta el norte del departamento del Amazonas 14.000 kilómetros cuadrados de bosque perdido en 5 años. De estos, 1.000 se reemplazaron directamente por coca".

El estudio aparece en el Año Internacional de los Bosques, cuyo reporte para América Latina y el Caribe fue presentado el miércoles en la IX Sesión del Foro de Naciones Unidas sobre Bosques en Nueva York.

La tasa de deforestación en Latinoamérica se redujo de 4.4 millones de hectáreas por año a 3,5 millones.

"Un factor clave para la conservación de los bosques es el manejo sostenible: no sólo tiene efectos benéficos para detener la deforestación, sino que juega un papel fundamental en el alivio de la pobreza y la desnutrición, y en la mitigación y adaptación del cambio climático", señaló el representante Regional Adjunto de la FAO para América Latina y el Caribe, Alan Bojanic.

Aunque en Colombia la coca no es el mayor destructor de bosques, tiene otra característica adicional, explicó Dávalos.

"Esperábamos que a escala municipal el aumento en los cultivos de coca fuera proporcional al aumento de densidad de población, sugiriendo que los ilícitos atraen más población y este aumento poblacional conllevara a más tala de bosque. Esta predicción no se cumplió." Eso sí, agregó, "observamos que las zonas donde hay nuevos cultivos ilícitos muestran una relación directa entre tasa de deforestación y el aumento en la densidad poblacional, independiente de si tienen poquita o bastante coca".

Por ende concluyeron que "las zonas con nuevos cultivos ilícitos en ese periodo son zonas donde la mayoría de actividades que absorben población están ligadas a la deforestación".

Esas zonas de frontera agrícola tienen coca porque están subdesarrolladas y no al revés.

El estudio no encontró una relación entre cercanía del cultivo ilícito y tala en la región central del país que incluyó la Serranía de San Lucas, la Serranía del Perijá y el Nudo del Paramillo. "Tampoco en la zona de la Sierra Nevada de Santa Marta (región norte)".

Dávalos mostró otro hallazgo de interés: las áreas protegidas reducen la probabilidad de deforestación (frenan la pérdida de bosque) en el centro y sur, aún en la presencia de cultivos ilícitos.

Una presión adicional sobre el bosque se deriva de que las zonas con nuevos cultivos ilícitos (en todo el país) representan un frente de colonización donde la absorción de población conlleva al aumento en la tasa de deforestación.

En otro estudio en 2009 la investigadora había concluido que las políticas de erradicación no habían sido efectivas para controlar la degradación ambiental.

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