Dicen que "un bobo cariao mata la mama", pero en este caso fue una dama la que cayó redonda y se le midió a una hazaña pocas veces vista en Colombia? Bueno, no más de doscientas mil: empelotarse para Soho.
Hasta ahí nada nuevo, sólo que no aceptó por iniciativa propia, sino presionada por una apuesta que hicieron sus compañeros de trabajo, locutores es mucho decir, de una emisora de esas que deseducan muchachos a punta de vulgaridades amenizadas de vez en cuando por alguna canción de moda.
El negocio fue así: ellos se antojaron de verla en cueros, pero ella dijo que no, que qué tal, que ni riesgos, que por nada del mundo y se quedó seria. Pero recapituló, entornó los ojos, sonrió con timidez y luego dijo como quien no quiere la cosa: bueeeno, está bien, pero con una condición: sólo por un millón? de firmas. ¡Tan rogada la niña! Tan democrática. Tan egocéntrica. Y tan?
Los compañeritos de trabajo, muy queridos ellos y muy solidarios, ni cortos ni perezosos se dieron a la tarea de complacerla, aunque en el fondo sospecho que ella estaba loca de ganas de salir en Soho y a lo mejor se hubiera transado con menos firmas, o hasta sin firmas. Pero la vanidad necesitaba un millón. Recogieron más, lo que reitera que los colombianos no le negamos una firma a nadie. Ni a nada.
La campaña podría llamarse más bien "un millón de tontos por una causa boba, inútil, estéril, pendeja y sin sentido".
Los cuerpos bonitos venden, ya lo sabemos, y eso es lo único que les interesa a los medios que basan su éxito en la decadencia de los valores humanos, pero ¿será muy ingenuo pedirles un poco menos de banalidad? Es que tanta estupidez cansa, señores promotores de la degradación.
Me asaltan dudas por montones: ¿cuál será la causa de la próxima firmatón? ¿Por qué los medios de comunicación, con ese poder de convocatoria tan grande que demuestran tener no se ocupan de resaltar los valores internos y realmente valiosos de las personas? ¿Qué tal hacer énfasis en casos de superación personal, que sirvan a su público como referentes positivos y dignos para imitar? ¿Por qué no nos muestran gente común y corriente, que trabaja en oficios comunes y corrientes y han alcanzado posiciones de éxito sin quitarse ni una media?
Pero ¡un momento! Que no sea yo la que dañe la fiesta de los tontos. ¡Que la disfruten, señores? y señoras! Pues, digo, para no dejar por fuera ninguna posibilidad.
Una última pregunta, sólo por curiosidad: ¿cómo diablos hemos sobrevivido en Colombia hasta ahora sin conocer las pochecas de Juanita Kremer?
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