En menos de una semana usted habrá olvidado la mayor parte de este artículo. Y en menos de un mes, a menos que una modificación morfológica y anatómica ocurra en su cerebro, esta información -como gran parte de los estímulos que captamos diariamente con los sentidos- terminará en la cesta del olvido.
Estas modificaciones no son precisamente una revolución neurológica o algo anormal. Se dan por el asombroso proceso de fijación de recuerdos en la memoria a largo plazo en el cual nuestro cerebro almacena información a partir de fenómenos físicos y bioquímicos.
Según un estudio publicado en la revista Plos One , se suele confiar mucho más en nuestra memoria que lo que realmente deberíamos. El 48 por ciento de los que participaron en la investigación afirmaron que una vez formado el recuerdo, éste ya no cambia cuando "realmente la evocación no es tan confiable", según el especialista Andrés Villegas.
"Nosotros los seres humanos tendemos a llenar vacíos de memoria con lo que creemos que es más acorde. Entonces es usual cometer varios errores al recordar ciertos aspectos", señala Villegas, director del único banco de cerebros que tiene Colombia.
Para comprender por qué se presentan estos "vacíos" es necesario saber qué es la memoria, cómo funciona. En primer lugar, hay que señalar que ésta puede ser de corto o largo plazo.
Mientras la primera se vale principalmente de las cualidades electroquímicas del cerebro en las que las neuronas se comunican a través de pulsos eléctricos, la segunda multiplica la actividad sináptica.
En doble vía
"Es un fenómeno que consiste en modificaciones estructurales de las sinapsis (unión entre neuronas), de las conexiones. Es decir: donde hay un contacto, después de una experiencia hay dos contactos, se duplica. Hay una modificación estructural, morfológica, anatómica", explica Francisco Lopera, director del Grupo de Neurociencias de Antioquia.
Cuando nuestra memoria necesita almacenar un recuerdo de forma duradera, el hipocampo cerebral "dispara" estímulos con mayor frecuencia hacia el giro dentado.
"En esa zona se produce un fenómeno que son los potenciales a largo plazo que están mediados por una sustancia que es el glutamato", informa el doctor Villegas, director del neurobanco de la Universidad de Antioquia.
"Se llaman así porque tienen un fenómeno muy interesante: las neuronas en nuestro cerebro están disparando demasiado rápido, a nivel de milisegundos. Éstas se demoran segundos, minutos, horas, se pueden demorar años, semanas, meses, incluso hasta años para disparar".
Este proceso llamado engrame lleva a que algunos recuerdos, según su naturaleza -motora, sensorial, episódica- terminen preservados en diferentes zonas del cerebro. Se cree que desandar el camino del engrame nos lleva al terreno de la evocación, a recordar.
"Probablemente al evocar estamos mandando impulsos o provocando que las neuronas de esas regiones de asociación, de esa parte motora o de esa región involucrada con lo que queremos recordar, activen esas vías de conexión que se formaron cuando se creo el engrame", explica Villegas.
¿Para qué recordar?
Para mejorar la memoria no son tan necesarias las pócimas mágicas tanto como dormir bien -dado que durante el descanso consolida sus procesos neurológicos- y mantener oxigenado el cerebro. Esto último a partir del ejercicio.
Involucrada en los más variados y cotidianos procesos cognitivos, la memoria -o las memorias pues los expertos consideran que son múltiples, cuyo desarrollo va ligado a las habilidades de cada quien- van de la mano del aprendizaje.
He ahí su importancia. Andrés Villegas recuerda una definición según la cual el aprendizaje es la capacidad que tenemos de modificar nuestra conducta a partir de la experiencia. La sola memoria no significa aprender, afirma, pero "si no tenemos memoria es muy probable que no aprendamos".
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