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HISTÓRICO
La gallardía verde prendió fiesta en el Atanasio
Wilson Díaz Sánchez | Publicado el 26 de julio de 2009
Ese cabezazo de Ezequiel Maggiolo, que antes de anidarse en la red pegó en el piso, cuando el tiempo se agotaba, despertó la euforia de los 33.523 hinchas verdolagas que después de mucho tiempo volvieron a llenar las tribunas del estadio Atanasio Girardot.

Era el triunfo 2-1 de Nacional frente a Junior y el primero en la era del técnico Ramón Cabrero y había que celebrarlo, así hubiese sido tejido más con garra y ganas que con fútbol. Este hecho, sin embargo, no le resta méritos al conjunto antioqueño que hoy aparece en la tercera casilla de la Copa Mustang II.

"No jugamos bien, pero manejamos el partido y ganamos... El desempeño me deja contento porque se sacó a flote la actitud de un equipo grande". Las palabras del estratega hispanoargentino resumen lo que fue el compromiso de la tarde dominical, soleada y con alta temperatura.

En el segundo tiempo Nacional no solo remontó el marcador adverso, sino que le dio vuelta a un pobre desempeño de la etapa inicial en la que los tiburones, llevados de la mano de Giovanni Hernández, impusieron las condiciones y el ritmo.

Por momentos, la fanaticada vio el fantasma verde de las pasadas temporadas, con un elenco local sin eje en el medio, equivocado en la entrega de la pelota y nervioso en la defensa. El reflejo fue el golazo de tiro libre de Giovanni Hernández a los 12 minutos y las acciones de riesgo de Norbey Orozco y Teófilo Gutiérrez en las que pudieron aumentar la cuenta.

La lucha solitaria de Maggiolo, desconectado del resto de compañeros, solo produjo en los 45 minutos iniciales una llegada clara en la que el arquero Carlos Rodríguez lució salvador ante el cabezazo del ariete.

La expulsión de Luis Carlos Ruiz, por simular una falta en el área, cambió la historia del partido porque Nacional aprovechó la superioridad numérica. Con Sergio Galván, autor del 1-1 (65'), ganó presencia ofensiva y aceleró. Puso corazón, lanzó a Marlon Piedrahíta por derecha y con la gallardía de Maggiolo pintó de alegría el rostro de la fanaticada verde.