Luego de dejar en paz a mi esposa, me aguanté que algunos ministros de la iglesia a la que pertenezco, en un acto inexplicable de discriminación, resolvieran que por estar "separado", yo no era apto para comulgar. Nunca entendí cómo pudo mi iglesia ser tan prepotente cuando más la necesité. Cómo pudo rechazarme como feligrés, si con cariño evité que esa mujer fuera infeliz por el resto de su vida.
Me aguanté sin problema que un alto jerarca de la iglesia colombiana, y el mismo Vaticano, encubrieran los abusos sexuales que varios sacerdotes cometieron, por años, sobre indefensos niños inocentes. Soy tan miserable, que me enteré de esa porquería y no dije nada.
Me aguanté que los superiores del sacerdote jesuita Alfonso Llano lo amordazaran y le prohibieran escribir su habitual columna en el diario El Tiempo. El pecado que censuró al padre Llano fue escribir con claridad lo que dicen los evangelios a cerca de la virginidad de la madre de Dios. Yo que reflexionaba más con una columna del Padre Llano que con media docena de misas, me aguanté sin problemas, esa nueva decisión medieval de mi Iglesia.
Sin protestar, aguantaba las directrices de mi Iglesia. Yo venía tolerando sin problemas, hasta que Benedicto XVI resolvió meterse con la que desde niño, es mi pasión: el pesebre. Para mí, el pesebre es mágico y su inventor, San Francisco de Asís, es mi único héroe.
Al Papa, que parece no tener ningún problema con el crecimiento de la fe, ya le dio por sacar una versió n 2.0 del pesebre, en la que no tienen cabida ni la mula, ni el buey.
Sacar al buey del pesebre es un atropello, que con terapia psicológica podré llegar a aceptar. Lo que no voy a permitir por ningún motivo es que saquen a la mula. Un pesebre sin mula, es como un capítulo del Chavo sin Don Ramón.
Si le cedo a Benedicto, y acepto que saque a la mula, luego retirará los cisnes y los micos, argumentando que no son propios de la tierra de Jesús. Si dejo que retire a la mula, luego ordenará que saquemos del pesebre los carritos, los avioncitos y las lucecitas.
Yo lo conozco: Cederle implicaría que más adelante ordenará retirar el pesebre que los conductores tienen en una carretera de Antioquia, en la que aparece san José conduciendo un camión, luciendo un sombrero típico y violando las normas de tránsito al llevar en la cabina al niño Jesús, un menor de edad.
¿Y si el Papa se dedica a lo fundamental? ¿Y si conserva a la mula en el pesebre, para que la terquedad y testarudez de esta, le ayuden a reflexionar y adaptarse a las nuevas necesidades espirituales de esta época?.
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