x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

La visa americana

  • Gral. (r) Henry Medina Uribe | Gral. (r) Henry Medina Uribe
    Gral. (r) Henry Medina Uribe | Gral. (r) Henry Medina Uribe
26 de mayo de 2011
bookmark

Hace pocos días tuve la necesidad de renovar la visa americana. En ocasiones previas, por mi calidad de militar en servicio activo y circunstancias de coyuntura, desconocí el procedimiento completo que cada día cientos de colombianos tienen que sufrir para obtener la anhelada visa que les hace posible y legaliza la entrada al país más desarrollado del planeta.

La experiencia me causó sorpresa, por decir los menos. Bien sabemos que Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial ha liderado con gran éxito la investigación operativa y que mediante técnicas de programación lineal y de teoría de colas ha clarificado procesos complejos que le permitieron decisivas victorias en la guerra y que hoy contribuyen a su posición de liderazgo en áreas de investigación, tecnología, administración y gerencia. Lo extraño es que tanto conocimiento en temas de alta complejidad no haya sido empleado en aspectos tan sencillos, como lo es, el que motiva mis observaciones en esta columna de opinión.

El proceso de revalidación de la visa inicia con el contacto vía internet para llenar el formulario C160, el cual incluye fotografía escaneada, código de barras, referencia de contactos en Estados Unidos y toda la información necesaria para entrar a las robustas bases de datos del gobierno americano y a los archivos de "Quién es quién" en este cada vez más pequeño mundo. Luego, es necesaria una entrevista telefónica con una funcionaria de un Call Center, en mi caso no muy cordial, con tiempo límite y con un nuevo interrogatorio, para obtener la definición del día y hora de la cita en la Embajada, el número de identificación -PIN-, y la autorización para el pago de los derechos en determinado banco.

Pudiera uno pensar que tales actividades son indispensables y suficientes para que al llegar a la entrevista, a la hora previamente acordada y en un tiempo no superior a una hora, se conociera la decisión sobre lo solicitado. Desafortunadamente, la realidad es bien diferente.

Cuando se llega a la Embajada el drama comienza: Inicia con una línea de 100 metros y 30 minutos de espera, en mi caso bajo fuerte lluvia, para luego surtir los trámites normales de seguridad, similares a los de cualquier aeropuerto internacional. Ya dentro de las instalaciones de la Embajada, en una arquitectura nada acogedora, en un ambiente increíblemente congestionado y polucionado, con sol y lluvia, continúa el viacrucis de largas colas que patentan el absurdo. Una de 55 minutos para mostrar el pasaporte, seguida de otra de 40 minutos para la toma de huellas y luego una espera superior a una hora, afortunadamente sentados y a cubierto bajo una carpa, para que le indiquen una nueva cola en la que después de transcurridos 25 minutos llega el momento decisivo: La entrevista, que como es de esperarse, dados los niveles tecnológicos americanos, solo dura breves minutos: El entrevistador tiene la información en la pantalla frente a sus ojos. ¿Entonces, cuál es la explicación a tantas molestias?

Lo curioso es que el proceso no termina en este momento feliz. Es necesario hacer una nueva cola de 20 minutos para indicar a dónde deben hacernos llegar el pasaporte con la nueva visa.

Después de casi 5 horas, el cuerpo se siente enfermo, la mente inquieta y la dignidad golpeada. Surgen, como resultado de lo experimentado, las preguntas: ¿Será todo ello consecuencia de las amenazas al pueblo americano como producto del narcotráfico, el terrorismo, y la asimetría de los conflictos actuales? Quienes conocemos de los temas de seguridad sabemos que esa no es la respuesta correcta. ¿Será entonces, carencia de recursos?, ¿ineptitud de algunos funcionarios?, ¿expresión de animosidad hacia la población latina? Ninguna de estas hipótesis parece válida. Entonces, ¿cuál es la respuesta correcta?

Como ciudadano honorario de varias ciudades americanas, como persona que ha vivido varios años en Estados Unidos y que aprecia y respeta a sus gentes de las cuales mucho ha aprendido, lamento la forma cómo en la Embajada americana se trata a los colombianos que buscan la oportunidad de visitar ese país amigo.

Te puede interesar

¿Buscando trabajo?
Crea y registra tu hoja de vida.

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD