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Las cabinas paradas son un golpe al bolsillo

LOS MÁS POBRES entre los pobres son los principales afectados con el cierre del metrocable a occidente por 15 días, debido a los daños sufridos en los enfrentamientos entre combos la tarde del miércoles.

  • Las cabinas paradas son un golpe al bolsillo | Donaldo Zuluaga | Enseñados a ver el ajetreo y cúmulos de personas saliendo y entrando al metrocable, ayer muchos residentes del sector lo miraban con tristeza. La comunidad espera que el sistema tarde menos de los 15 días en abrirse, pues los bolsillos tal vez no van a aguantar tanto gasto extra.
    Las cabinas paradas son un golpe al bolsillo | Donaldo Zuluaga | Enseñados a ver el ajetreo y cúmulos de personas saliendo y entrando al metrocable, ayer muchos residentes del sector lo miraban con tristeza. La comunidad espera que el sistema tarde menos de los 15 días en abrirse, pues los bolsillos tal vez no van a aguantar tanto gasto extra.
13 de agosto de 2010
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Resultó muy duro para la comunidad el cierre de la Línea J del metrocable a occidente, como un golpe al corazón frente al que ayer hacían malabares para superarlo. Pero no era fácil.

El sistema fue suspendido como consecuencia de los impactos de arma de fuego que recibió en los enfrentamientos de varios combos, la tarde del miércoles. Hoy estarán en Medellín el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, y el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, para buscar salidas al problema en un consejo de seguridad con las principales autoridades de la ciudad.

Panorama crítico
Jaider Ríos, esposo de Leidy García y padre de cuatro hijos menores de diez años, le tocó irse caminando hasta El Poblado, pues no tenía para pagar los dos buses que lo llevarían hasta allí, como lo hacen cada día las cabinas y los vagones con un solo tiquete. "Él es constructor y trabaja en una obra en El Poblado, siempre se va a las 5:30, pero hoy (ayer) tuvo que salir a las 4:30 para llegar con tiempo, ojalá a la venida le presten pasajes", dijo Leydi.

Y es que así de precaria es la situación de la mayoría de los habitantes de los sectores afectados, la comuna 13 y Robledo. Es gente que tiene que medir cada peso que se gasta. Leidy, además, se ayuda vendiendo chocolatinas con sus hijas a los viajeros del metrocable, pero ayer fue un día nulo, "siempre son 10 ó 15 mil pesos que uno se deja de ganar, y si eso es hoy, imagínese por 15 días...".

A los residentes en la Ciudadela Nuevo Occidente, cerca a Pajarito, también se les complicó la vida, pues de tener el metrocable a dos pasos pasaron a tener que caminar casi un kilómetro hasta la Vía al Mar para allí tomar buses hacia el Centro o hacia el parque de San Cristóbal, donde abordaban buses a la estación San Javier. Pasaron de pagar un tiquete en metro, a cuatro en buses.

Con razón decía una señora: "los que pagamos somos nosotros, los inocentes".

Esas fronteras...
Para colmo, en el sector hay fronteras invisibles que impiden pasar por ciertos sectores y la gente se ve a gatas para hacer sus trayectos. Sobre todo porque la solución más viable, la de abordar taxis o más buses, es la más difícil ante la escasez de dinero.

A algunos, incluso, los cogió por sorpresa el cierre, como a María González, que llegó de Buriticá a unas citas médicas y no había previsto los gastos extras de taxis y buses. "No sé qué voy a hacer, esto es insólito", dijo la dama con desconsuelo.

José Montoya, dueño de una tienda junto a la estación Vallejuelos, estaba que cerraba el chuzo, "pa'qué abre uno si no hay clientes".

Lo grave es que el Metro insistió ayer en que serán 15 días de cierre mientras llegan expertos extranjeros a reparar líneas eléctricas, cabinas y varios sistemas computarizados que se dañaron en la estación Juan XXIII.

Un costo económico de 200 millones de pesos para el Metro y otro social muy grave para la comunidad, que al final impactará en los bolsillos, en esas economías familiares que se manejan en pesitos y en las que cualquier gasto adicional, por pequeño que sea, termina reflejándose en la comida, los pagos de servicios, la salud...

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