Tuve la oportunidad recientemente de conversar esto con una chica de nacionalidad portuguesa que lleva ocho meses detenida, porque a principios de este año fue descubierta transportando drogas a Italia.
Entre lágrimas y profundamente arrepentida, me expresaba su inmensa tristeza por lo mucho que ha hecho sufrir a su familia que le dio una excelente educación y que ahora vive el drama y humillación de ser los familiares de una delincuente.
Confieso que desde hace seis años, cuando salió en el cine la película María llena eres de gracia , yo no palpaba de manera tan clara la situación de aquellas mujeres que, ilusionadas por recibir una alta suma de dinero o por poder viajar, angustiadas por una necesidad económica o, a lo mejor, simplemente por la ambición de retarse a sí mismas, asumen este gravísimo riesgo que puede traer tantas consecuencias para sus vidas: ser descubiertas por la policía, recibir el peor trato y ser detenidas en un país extraño, morir en el camino, o, en caso de que regresen "sanas y salvas", propiciar que los dueños de este negocio las presionen para que sigan transportando drogas y para que introduzcan a otras personas en este sucio negocio. Entran a un callejón donde ninguna salida resulta siendo un final feliz?
Me contaba esta joven que antes de ser descubierta era supremamente activa y dejaba poco tiempo para la reflexión, por lo que no midió las consecuencias de sus actos. Asegura que paradójicamente la prisión la ha ayudado a descubrir quién es, trazar con calma sus planes futuros y ser consciente de que nunca más puede cometer un acto así. No por el castigo que ha recibido sino porque ha entendido la gravedad misma del acto que cometió. Y bueno, al fin y al cabo, el motivo de una prisión es la detención de una persona que puede representar un peligro para la sociedad en el que se propicie un espacio para que cambie de conducta y al recuperar su libertad no vuelva a delinquir. Un objetivo que pocas veces se ve cumplido por la triste situación de hacinamiento y deshumanización de muchas cárceles que hace que, en lugar de favorecer el arrepentimiento del preso, se propicie más bien su deseo de venganza y de salir pronto para seguir cometiendo el mismo y quizás otros delitos.
Y cómo no pensar en Colombia y en la situación de cientos de compatriotas mías cuando escuchaba lo que me decía esta chica: mujeres ilusionadas por ganar en un solo viaje lo que ganarían en dos años con un salario mínimo, arriesgan sus vidas y su seguridad, al verse tentadas y acorraladas por redes de narcotraficantes muy bien organizadas se aprovechan de esa condición para usarlas como meros objetos de transporte de drogas, quedando, la gran mayoría de las veces, ilesos y libres de toda culpa mientras que la vida de estas jovencitas, se ve trastocada y frustrada; me pregunto, como decía un comercial hace algunos años. Y si es tan fácil? ¿por qué no la llevan ellos?
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