Los resultados electorales nos mostró a un Juan Manuel Santos como estadista prudente y respetuoso, magnánimo en el triunfo, frente al señor Mockus, un mal perdedor, capaz de destruir al mismo Estado en situaciones de incertidumbre o pánico.
El Partido de la U celebró con alegría y respeto, mientras sus principales contendores, los dirigentes del Partido Verde, con el sinsabor de la derrota, entonaron cánticos insultantes, salidos de toda lógica y distractores de la realidad. Ese máximo histrionismo de Mockus, fue un momento de pena ajena. Los estribillos, dentro de un ambiente que parecía envuelto en alcohol, retrataron a Mockus, Garzón y Peñalosa. El profesor no era mi candidato. Sin embargo, consideraba que tenía mayor sindéresis. El país entero recordará la noche del 30 de mayo, fatídica para ese candidato.
Con el malabarismo que lo caracteriza, trató de distorsionar los resultados electorales ante sus huestes y con una gran farsa y hasta comicidad, dio a entender que había ganado.
No hubo reconocimiento de la derrota propia o la victoria ajena. Dejó pasar el momento de actuar con altruismo y seriedad. Pero? nadie da de lo que no tiene.
Otros ejemplos de lo que no se debe hacer en medio de una campaña lo vimos en Noemí y Pardo. Siempre se mostraron ácidos y negativos con sus contrincantes, más que creativos, objetivos o positivos. Los dominaron los celos. Sólo veían la paja en el ojo ajeno? Fueron dos candidatos nacidos sin argumentos.
Dejaron mal parados a sus respectivos partidos políticos, los cuales vienen de mal en peor desde hace varios años.
La DNL, la de Samper y Piedad, ha caído tanto que reniega de quien fuera un distinguido copartidario: Uribe. Pero tarde o temprano el liberalismo en pleno le abrirá espacio a personas que no tengan tantos odios.
El conservatismo posiblemente resucitará en los próximos años, el péndulo de las ideologías volverá a considerar sus principios y los apoyará, además cuenta con gente capaz.
Por su parte, Vargas Lleras, uno de los más ecuánimes y serio candidato, con altura le dio respaldo a Santos. Y Petro, aunque fue un aspirante que se preparó con seriedad, siempre tuvo el peso desventajoso de su paso por la lucha armada, su amistad con Chávez, ahora predica otra forma de lucha, la del boicot de las elecciones. Lo perjudicó la baja popularidad del Polo en Bogotá.
Ciertos medios de comunicación y sus directores perdieron sus esfuerzos en contra de un determinado candidato. La posibilidad o no del tercer canal, factor que jugó papel tan preponderante en estas fuentes, no parece haber influido en los votantes.
Por tanto, los grandes ganadores fueron los mismos electores. No se dejaron influenciar por ningún conductor de programa.
Colombia hoy está compuesta por seres intelectualmente capaces de escoger sus dirigentes.
Definitivamente esta campaña exaltó el carácter de estadista de Santos, su llamado a la unidad, la concordia y su coherencia lo conducirán a la Presidencia. Y señor Mockus, no todo vale en sus afirmaciones, quienes votamos por Santos, no vendimos nuestro voto.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8