No importa que no lea el libro. Lo puede morder, mojar, probar, tocar, tirar al suelo, dormir con él. Y nada pasa. No se le dañan las hojas, ni se le borran las letras, porque es de tela. Sin embargo, al bebé le va a quedar el amor.
"En la primera infancia no hay obligación de aprender a leer y la lectura no está ligada a un trabajo académico, sino al de la construcción de significado sobre uno mismo. Esa primera relación es mediada por el afecto y eso se queda en la mente de un niño", explica la escritora de libros infantiles, Yolanda Reyes.
Al parecer, el dicho aquel de que loro viejo no aprende a hablar se aplica con los libros. Muchos expertos coinciden en que si no se quiere la lectura desde cuando se está pequeño, de grande va a ser muy difícil.
Tal vez por eso el Plan Nacional de Lectura, que lanzaron los Ministerios de Cultura y Educación durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá, tiene como personajes centrales a los niños, en tanto, dijo Mariana Garcés, la ministra de Cultura, "en la primera infancia es donde se adquiere el hábito".
Y si se miran las cifras, a los colombianos les va muy mal. Un libro y medio por año, en promedio, es la que más repiten las encuestas.
El propósito entonces es que si los pequeños empiezan a leer, y no por obligación, sino por querencia, en el futuro puede haber muchos más lectores.
"El libro debe ser divertido desde que están pequeños. Una diversión que sea parte de sus actividades comunes y corrientes como jugar, comer", expresa María Teresa de La Vega, quien creó Entela, una compañía que hace libros en este material, con el fin de incentivar la lectura divertida, incluso, desde cuando están bebés.
¡A leer!
Tal vez no hay una receta única para que los niños se enamoren de los libros, casi como un deber ser. No obstante, ellos son bien inteligentes y necesitan libros (físicos o digitales) a su altura. Bien hechos, atractivos, divertidos, ingeniosos.
"Debe tener una buena historia que los capture. Si no es interesante al principio, ellos ya no la cogen", expresa Diana Guillermina Díaz, profesora de segundo y tercero del colegio Fernando Mazuera, de Bogotá.
Y cada libro no es para todos. Las historias cercanas, que son distintas para cada pequeño, los llevará a elegir un título y otro no. También ayudan las ilustraciones, el lenguaje. "Los niños no se conforman con cualquier cosa", señala Yolanda.
Eso sí, el acompañamiento de los papás es muy importante, porque detrás de ese cuento está la voz de esa persona que tanto quieren. De ahí una de las relaciones amorosas con la lectura, que se quedará, en muchos probablemente, para toda la vida.
Y el quererla se construye. "No es obligación que a los niños les guste -añade la escritora-. Eso es un don que se va construyendo a partir de encuentros gratos y significativos".
Por supuesto, no todo es generalizable. De seguro un adulto que se proponga buscar en la lectura el amor, lo encuentra. Lo que pasa es que si se empieza de niños, y si se hace parte de sus actividades y de sus placeres, quizá carguen con ellos el resto de su vida.
Leer puede hacer palpitar el corazón, pero para que se pueda saborear, hay que probar. Y los niños en eso, son expertos.
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