En el sosiego de su oficina, bajo un suave olor a tabaco y mientras observa canales internacionales, hunde con sutileza el botón rojo del control y apaga el televisor.
Son las tres de la tarde en una Bogotá fría, con algunas nubes negras que amenazan lluvia.
Adentro, el ambiente es agradable, se siente como si por algún lado brotara calor de una chimenea.
-¿Cómo está don León, a qué se dedica ahora?
-Aquí, bregando a no hacer nada, ese es mi hobby . Trabajo para no hacer nada. Ya luché 50 años y en largas jornadas.
Aunque los años han menguado su apariencia física, su sentido del humor, su chispa y su voz se mantienen firmes.
En su juventud, todas las damas del Club Campestre de Medellín querían bailar con ese muchacho apuesto y divertido que acababa de regresar de Estados Unidos, después de quedar segundo, detrás de su amigo Jorge López, en un concurso de baile en Brooklyn, en 1948.
Recuerda todo con facilidad. Y hasta jocosamente hace chistes con su vida.
-"Míreme aquí, me regresé y lo que hice fue joderme, pues me tocó trabajar 50 años".
El 'Hombre del Tabaco', extravertido y bonachón, famoso por frases célebres que le han abrochado como " hemos puesto algunas 'campartas' en el estadio; hemos hablado y 'diagolao'; mi menú preferido es el de 'consomencias'; tengo a 'Cabrundo Facal' como mi artista predilecto; y me gusta mucho el 'bicicletismo y el ciclomontañerismo'...", que comediantes de radio le siguen sacando jugo después de mucho tiempo. Es que así ha sido su vida: charra, descomplicada.
A pesar de sus 82 años de edad y cuando han pasado dos décadas de su retiro del fútbol activo, aún es considerado en el medio como el mejor dirigente.
En una oficina amplia y confortable al norte de Bogotá, León Londoño Tamayo cumple con su rutina diaria. Llega por la tarde y revisa los documentos de sus asuntos particulares que en nada tienen que ver con el deporte, y que rigurosamente le mantiene listos su secretaria Argelia Vargas, quien lo acompaña desde hace 35 años.
Para ella, "don León fue mejor que mi papá, es como de la familia; es educado, comprensivo y generoso".
A las siete de la noche y tras esperar que pasen los "trancotes" de la congestionada capital, el conductor lo recoge y lo lleva a casa. Las mañanas las dedica a ver por televisión golf, tenis, béisbol, noticieros y a consentir a Olga Morelli, la cucuteña que conquistó su corazón y se convirtió en su esposa. Ya son "56 años comprando mercao " y todavía salen a cine y a cenar, "todo por cuenta mía".
-Don León, y le queda tiempo para caminar, para hacer algo de deporte...
-No mijo, ya no tengo nalga ni pa' caminar.
Una fuerte carcajada deja ver sus dientes manchados por el tabaco que consume desde que tenía 57 años, cuando decidió dejar el cigarrillo. Su hermano mayor, Jaime, le enseñó a fumar a los 17 años.
En el escritorio de madera, rigurosamente ordenado, reposan varias carpetas y dos cajas de tabacos: una de Cuban Sandwich (República Dominicana) y otra de Montecristo (Cuba).
-Me los trae un amigo de contrabando de Cuba. Yo los compro y me gano el IVA. Algo tengo que ganar, ¿o no?
Su salud, dice, anda bien. Hasta se atreve a afirmar que tiene los pulmones de un muchacho de 15 años, aunque uno que otro tosido lo sorprende. Y el whisky, tres o cuatro traguitos diarios nunca le faltan.
-Eso es lo que me tiene vivo. Así como el tabaco, si el médico me lo quita tampoco le hago caso. Además, eso ya me ha costado mucha plata.
A su humor le suma una gran devoción. La imagen del Papa Juan Pablo II, ahora beato, siempre está presente a su alrededor: en el trabajo y en sus casas de Bogotá y Miami, a donde va tres veces al año.
Es tanta su fe en el polaco Karol Józef Wojtyla, fallecido en el 2005, que la semana pasada viajó a su natal Jericó, en el Suroeste antioqueño, a llevar un cuadro en óleo "del tamaño de este escritorio" -replica- que mandó a pintar para donarlo a la Catedral de ese municipio donde hoy reposa. Le costó cerca de siete millones de pesos.
Pasado y presente
Don León no para de hablar, cual cajita de música, con gran maestría con el tabaco en la boca. En su saco azul de cuadros pequeños resalta un broche de diamantes con el logo de la Fifa, que solo tienen 20 miembros honorarios de esa entidad, gracias a la que hizo amigos en 108 países y "donde me atienden como un rey".
Y es que viajar siempre ha sido una pasión para él, aunque ya lo hace con menos frecuencia a Europa, porque le cogió miedo al invierno.
Mientras enciende de nuevo el tabaco, por su mente lúcida pasan miles de recuerdos del fútbol (así, con acento agudo como lo pronuncia) que lo catapultaron a la fama y lo acercaron a grandes personajes como el brasileño Joao Havelange, presidente de la Fifa, entre 1974 y 1998, al que le regaló un carriel hecho en Jericó.
Con algo de dificultad gira su silla y explica, orgulloso, el significado de los cuadros que están detrás de su escritorio: una reproducción del Guernica de Pablo Picasso, otra imagen de mismo autor que fue utilizada para promocionar el Mundial de España-82 y que, según él, solo hay 10 en el mundo "y vale un platal", y el diploma que lo identifica como miembro honorario de la Fifa, con 187 votos a favor y en el que "Colombia votó en blanco".
-No añoro ya nada, vivo feliz por cumplir con mi deber y haber llevado de la mano a Colombia que estaba en el suelo. Fueron 33 años, cinco meses, ocho días y dos horas al servicio del fútbol (sic).
Un período suficiente para creer en sus conocimientos y acercarse a él, como cotidianamente lo hacen los actuales dignatarios de la Federación (Luis Bedoya y Ramón Jesurún), además de Francisco Maturana y Bolillo Gómez, a quienes considera sus hijos.
-Lo de Bolillo me pareció una güevonada, fue un cosa personal, no debieron aceptarle la renuncia.
Eso sí, valora a Leonel Álvarez, aunque teme que se haya roto el proceso que se le parecía mucho al que él lideró desde 1982.
Un esfuerzo más y se levanta de la silla, ignorando el bastón que está recostado al escritorio. Camina lento hacia un perchero de madera en el que reposan dos sombreros y un paraguas. Cerca de ellos hay un televisor de los primeros que trajeron al país y que se pagaron por cuotas, luego de que este medio de comunicación llegara al país en 1954, en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla.
Con su característica espontaneidad, don León se mide los sombreros que también guardan su historia.
-Estos sombreritos tienen 75 años. Los usaba con mis hermanos para cubrirnos del sol en dos finquitas que teníamos en Caucasia y que años más tarde tuvimos que vender, porque empezaron a pedirnos plata y nos dio temor a que nos secuestraran. Lástima, porque hoy valen una millonada. La vida es más importante que la plata, la plata es muy buena, pero pa' gastarla.
Una carcajada más y es hora de partir. El silencio vuelve a la oficina de León Londoño, el dirigente que consiguió la sede y tenía financiado el Mundial de 1986 en Colombia con 97 empresas (valía 15 millones de dólares), pero al que el presidente Belisario Betancur le dijo no.
Ese es León Londoño, el hombre polémico, extrovertido, soñador y hasta folclórico que, a su edad, mantiene encendida la chispa, al igual que los tabacos cubanos que lo hicieron famoso.
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