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HISTÓRICO
Los 32 emberas se "purificaron" de la guerra
Juan Carlos Monroy Giraldo | Publicado el 26 de agosto de 2009
Un baño sagrado de purificación y un juramento a la madre naturaleza fue el acto de contrición final para que 32 indígenas embera katío que desertaron del frente 34 de las Farc dejaran atrás la vida de guerrilleros y comenzaran una vida como civiles en sus comunidades aborígenes.

Más que un evento de desmovilización, la ceremonia celebrada al mediodía de ayer en el coliseo de Dabeiba fue de principio a fin un "rito de purificación" bajo la ley y la cultura de la etnia a que pertenecen los reinsertados, quienes hicieron parte de las estructuras del frente 34 de las Farc en el Suroeste y el Occidente antioqueños.

El recibimiento de los ex combatientes por sus comunidades empezó con un recorrido de varias cuadras entre la casa indígena y el coliseo local. Los 32 guerrilleros desmovilizados, vestidos con camisetas blancas, cintilla al cuello y los rostros pintados caminaron rodeados por la Guardia Indígena.

En el coliseo los recibieron los sacerdotes embera katío, para rociarlos con una planta medicinal que tenía como fin "purificar" su espíritu, un requisito de las autoridades indígenas para acogerlos de nuevo en sus resguardos.

Ese fue el significado de la ceremonia para William Carupia, consejero mayor de la Organización Indígena de Antioquia. "Teníamos que hacer una limpieza espiritual con ellos, porque para nosotros fue una liberación de nuestros hermanos. Fueron rescatados de la guerrilla y ahora regresan para su rehabilitación".

El rito concluyó con las manos en alto y un juramento a la madre naturaleza de no volver a delinquir.

El consejero recordó que durante el último año y medio se dieron los contactos con los indígenas reclutados a la fuerza o de forma voluntaria por las Farc, para convencerlos de abandonar la lucha armada. Algunos de ellos llevaban 5, 9 y hasta 18 años en las filas subversivas.

La venganza lo reclutó
De los 32 indígenas desmovilizados, Carlos* fue el que más tiempo permaneció en la guerrilla, 18 años. Su motivo para luchar: una venganza.

Según su relato, hace 18 años los grupos de autodefensa asesinaron a un hermano suyo en Frontino. El dolor y la rabia se apoderaron de él. "Cuando lo mataron me dolió mucho porque era inocente y me fui con la guerrilla. Tenía 17 años".

En marzo del año pasado, cuando era comandante de escuadra y al mando de 12 insurgentes en Frontino, se cansó de la guerra y del sufrimiento de su familia. Por eso abandonó la guerrilla y volvió a su resguardo, en zona rural de Dabeiba. Dice que ahora trabajará por su comunidad. "Me fui por venganza, pero allá no había nada bueno".

Al igual que Carlos*, los indígenas desmovilizados se fugaron de las Farc en varios grupos, entre enero y julio de este año. Desde entonces han permanecido protegidos por las comunidades indígenas.

Para las autoridades indígenas de Antioquia, esta "liberación" es un primer paso en su objetivo de rescatar a decenas de indígenas que conforman los grupos ilegales, en contra de sus leyes y su decisión de mantenerse fuera del conflicto.

* Nombre cambiado