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HISTÓRICO
LOS COÁGULOS DE BOGOTÁ
  • LOS COÁGULOS DE BOGOTÁ |
    LOS COÁGULOS DE BOGOTÁ |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 20 de junio de 2012

A mediados de los años noventa, Bogotá se encaminó en lo que sería una seguidilla de gobiernos distritales que transformarían profundamente la ciudad y la idea que sus ciudadanos tenían de ellos mismos.

El escepticismo natural de los capitalinos, esa idea tan colombiana de que las cosas no pueden cambiar, se vería desplazada por un contenido orgullo y prudente esperanza luego de recibir el tratamiento de la cultura ciudadana de Antanas Mockus , el urbanismo de Enrique Peñalosa y la política social de Luis Eduardo Garzón.

Por eso, es una lástima que la transformación que venía viviendo Bogotá desde los años noventa la hayan saboteado los dos últimos gobiernos distritales.

No importa lo absurdas que podían llegar a ser las políticas de Antanas Mockus , las denuncias de corrupción que ensombrecieron algunas obras de Enrique Peñalosa o los coqueteos de populismo y briznas de ineficacia de Luis Eduardo Garzón . El gobierno de Bogotá nunca fue tan absurdo, corrupto, populista e ineficaz como en las administraciones de Samuel Morenoy Gustavo Petro.

Pues la transformación se ha detenido, el proceso ha llevado a que la desconfianza y el escepticismo regresen a los días de los capitalinos, entre trancones, inseguridad y la percepción generalizada de que su alcalde se burla de sus necesidades.

Durante el corto mandato de Petro la ciudad se ha visto condenada a la constante incertidumbre causada por su improvisación. El alcalde ha tenido serios problemas a la hora de manejar su nueva posición, usar su cuenta de Twitter para gobernar y abstenerse de las declaraciones grandilocuentes y medidas populistas. Su gabinete también le ha ocasionado dolores de cabeza: renuncias y conspiraciones se han sumado a las dinámicas cotidianas de la administración del Distrito Capital.

La inestabilidad es el principal insumo de la desconfianza y en términos de gobierno, esto supone la pérdida de institucionalidad en un país donde bastante falta nos hace que las personas se vean representadas y confíen en los entes públicos y los funcionarios. Pero si el mismo gabinete de Petro cambia cada mes ¿cómo pretende que los ciudadanos no vean con escepticismo su gestión y la de la alcaldía a la que representa?

Todo esto nos confirma que las ciudades necesitan gerentes, no políticos, administradores con experiencia y compromiso, no politiqueros con un ojo en lo que están haciendo y otro en una futura campaña presidencial.