Una característica común que ha tenido el debate sobre los TLC desde su negociación hasta el presente es la prevalencia de posiciones ideológicas, la defensa de intereses particulares y gremiales y la ausencia de la voz de los consumidores, que somos todos los colombianos, y quienes, al final, pagamos buena parte de los costos o recibimos los beneficios de los tratados.
Las prevenciones y la defensa de diversos intereses distorsionan la realidad, generan mensajes equivocados y rehuyen el debate con base en argumentos y en información objetiva. Ello tiene efectos económicos y sociales indeseables, se convierte en barrera para la modernización y la transformación de la economía y resulta altamente dañino para el avance de las sociedades democráticas y abiertas.
Uno de los sectores en los que la discusión sobre los TLC ha sido más aguda es el agrícola. Muchos grupos de interés han querido presentarlos como los generadores de la gran debacle de la agricultura colombiana.
Muy pocos de ellos han mostrado las grandes oportunidades de crecimiento y desarrollo que se abren con la entrada preferencial a los mayores mercados del mundo, como son los de Estados Unidos y la Unión Europea. También se ignoran los resultados tangibles –en crecimiento de la agricultura y las exportaciones y la reducción de la pobreza– que muchos países del mundo, entre ellos Brasil, Perú y Chile, han alcanzado gracias a la mayor apertura comercial del sector agrícola.
Las aprensiones ideológicas de muchos de estos sectores y la defensa de sus intereses y privilegios hacen difícil asimilar una visión de futuro más próspera para el colectivo rural. No se dan cuenta de que, al satanizar los TLC, se está condenando a los pobladores rurales a permanecer en la pobreza, de que se les cierran las oportunidades y de que se les fuerza a migrar a las ciudades. En fin, se les sentencia a permanecer en el círculo vicioso que por décadas ha caracterizado el devenir de los pobladores del campo.
Fedesarrollo, al revisar la validez fáctica del impacto sobre el sector agrícola de los tratados de libre comercio, en particular el suscrito con Estados Unidos, encuentra que "pese a que el TLC incrementó el comercio proveniente de EE. UU., no causó un incremento en el total de importaciones agrícolas, ni siquiera en los productos que fueron totalmente liberalizados".
De igual manera se establece que el tratado tampoco ha incidido negativamente sobre la balanza comercial agrícola, que presentó, en el primer semestre de este año, un repunte gracias al incremento del 10 por ciento en las exportaciones.
Finalmente, el centro de investigación determina que no sólo el PIB del sector ha crecido por encima del promedio de los demás sectores económicos sino que se ha reversado la pérdida de participación de la agricultura en el PIB total.
De esta forma, a diferencia de las proclamas y de las motivaciones del paro agrícola, el TLC con Estados Unidos no ha lesionado ni comercial ni productivamente la producción agrícola del país. Los resultados de Fedesarrollo son un llamado a la necesidad de hacer un debate más objetivo.
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