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Medellín: presente y futuro

  • Sergio Fajardo Valderrma, alcalde de Medellín.
    Sergio Fajardo Valderrma, alcalde de Medellín.
  • El alcalde de Medellín dice que la meta es trabajar por una ciudad en la que los niños tengan esperanzas.
    El alcalde de Medellín dice que la meta es trabajar por una ciudad en la que los niños tengan esperanzas.
01 de enero de 1900
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  • Última entrega de la serie sobre la pacificación en los barrios de Medellín.
  • Dice que falta trabajo por hacer, pero recalca que la situación hoy es otra.
  • El Alcalde da su visión sobre los problemas y los retos de la ciudad.
Por
Sergio Fajardo Valderrama(*)

En 1991, Medellín tuvo 6.349 homicidios. Un índice de 381 por cada 100.000 habitantes y una dolorosa conclusión: la ciudad más violenta del mundo. Al finalizar mayo, llevamos 299 homicidios en todo el año y, de continuar así, vamos para 35 homicidios por cada 100.000 habitantes y 2005 será el año menos violento desde 1980. ¿Qué está pasando?, ¿qué puede pasar?

Empecemos con una mirada a la situación nacional. La realidad colombiana es el reflejo de una sociedad que perdió la presencia legítima del Estado en vastos espacios, territoriales y culturales, con unas instituciones frágiles, siempre amenazadas por las conocidas fuerzas ilegales: narcotráfico, guerrilla, autodefensas y corrupción, con todas las combinaciones posibles.

Las razones son complejas y las discrepancias en la identificación de causas y responsabilidades son infinitas. Si la condición inicial es la solución de esta discusión nunca saldremos del atolladero y quienes sí saben qué quieren, seguirán aprovechando nuestra incapacidad para ponernos un objetivo común.

En el marco de estas contradicciones debemos encontrar unos acuerdos mínimos que nos permitan avanzar como país.

El monopolio armado
La fórmula, simplificada al máximo, es fácil de enunciar: recuperar para la fuerza pública la condición de único agente que garantiza la seguridad ciudadana; reconstruir un sistema judicial que efectivamente castigue a quien incumpla las normas del contrato social; una transformación de la política que permita la expresión libre de las diferentes opiniones y que, en el marco de la democracia, con el debido respeto de los derechos humanos, ofrezca la oportunidad de convertir propuestas ideológicas en poder. Por último, una negociación directa con quienes en forma ilegítima, se han quedado con pedazos de sociedad y ejercen un poder real. Negociar nos pone frente a un espejo que nos muestra la cara dolorosa de las equivocaciones acumuladas, las culpas que atormentan, las muertes violentas y la destrucción del tejido social. Negociar obliga a la generosidad. De todo lo anterior se ha hecho un poco y, sin duda, hay lecciones positivas, pero seguimos sin un propósito nacional.

Ubiquémonos en Medellín. Nuestro reto es interrumpir la transmisión generacional y cultural de la violencia como una posibilidad de vida. En otros términos, lograr que ningún niño, niña o joven, al salir a la calle encuentre en la esquina a personas y grupos que ejercen poder violento, que someten a su antojo a las comunidades, hacen ostentación apoyados en las armas, acceden a riquezas económicas superiores a las de los vecinos y se convierten en posible referencia para imitar. Los 6.000 jóvenes que giran alrededor de bandas, combos, grupos paramilitares y milicias y que tienen capacidad para delinquir, someter y destruir, vivieron esta situación años atrás. Son estructuras organizadas e intimidantes. Tenemos que partir de esta realidad, es nuestro espejo brutal.

Fortalecimiento
Nuestras acciones son las siguientes. La Policía, en coordinación con las autoridades civiles, recupera los espacios que estaban en manos de los ilegales. Aumentamos el pie de fuerza, fortalecemos la Policía Comunitaria, construimos CAIs en los sectores más golpeados por la violencia, interactuamos en forma transparente con la comunidad con frentes de seguridad y zonas seguras, apoyados por herramientas logísticas que nos dan capacidad de reacción inmediata, respetando a las personas, sin convivencia con los ilegales. Poco a poco, la comunidad vuelve a encontrar en la Policía un factor de seguridad legítima.

Tenemos en marcha la reinserción de 868 integrantes del Bloque Cacique Nutibara (Bcn). Una primera inquietud: No todos eran paramilitares. Es cierto, no estaban con camuflado en un ejército, pero muchos de ellos venían de bandas dominadas por paramilitares. Desarrollamos un modelo único de reinserción. Primero, sabemos de todos y cada uno de ellos, quiénes son, dónde viven. Esta condición permite la implementación de programas de apoyo psico-social: psicológico para el individuo y la familia, social para la comunidad inmediata. Todos atienden un programa educativo de acuerdo con sus características particulares, con un objetivo: formarlos para que puedan incorporarse a la sociedad. Esta es condición esencial. Nadie puede recibir un peso sentado en la casa, cada uno desarrolla una actividad que justifica los ingresos. Tenemos el acompañamiento de la OEA y el seguimiento de la OIM, con atención de denuncias, encuestas permanentes y revisión de procedimientos.

Vamos "graduando" aquellos jóvenes que están listos para vivir en sociedad y le corresponde al sector productivo darles oportunidad en sus espacios, con el acompañamiento individualizado de nuestro programa.

Nuestro Plan de Desarrollo 2004-2007 entiende el desarrollo en forma integral, con la intervención simultánea sobre los atrasos que se expresan en desigualdades sociales profundas.

Actuamos en múltiples frentes, para que cualquier persona tenga una alternativa cierta de desarrollo personal y social, con libertad, dignidad y autonomía plena. Cuando en el marco de desigualdades sociales, la sociedad no construye este camino, la violencia es, en muchos casos y formas, una expresión posible. Por ejemplo, la calidad de la educación la entendemos como herramienta que repara la deuda social, construye equidad y abre puertas para el ascenso social; el presupuesto participativo es una forma directa de participación que compromete a la comunidad, la escucha y la hace protagonista de su destino; las intervenciones sobre la infraestructura afectan directamente todas las condiciones del desarrollo. Por eso, estamos en sectores escogidos con los parques-biblioteca que construyen un nuevo espacio físico, con énfasis en la educación, la cultura, la ciencia, las actividades productivas apoyadas en los centros de desarrollo empresarial zonal con la red de microcrédito, la recuperación de parques y espacios comunes, la adecuación de la vivienda, las escuelas de calidad, los restaurantes escolares, las ludotecas, las escuelas populares del deporte, todo diseñado para el encuentro comunitario y familiar.

La vida primero
Para que estos programas produzcan los efectos esperados hay una condición fundamental: recuperar la vida. Cuando una persona tiene como preocupación permanente sobrevivir, los programas de desarrollo son secundarios. Es maravilloso ver como en lugares señalados por la violencia pasamos del terror, al miedo, al susto y hoy la tranquilidad aparece como una realidad posible. Surge la esperanza.

Cultura ciudadana
Hay otra tarea igualmente esencial: recuperar la confianza ciudadana. En las autoridades civiles, con transparencia, sin corrupción, con coherencia y decencia. En la fuerza pública a partir del reconocimiento de las personas. En el sistema judicial para entender lo que significa el valor de las leyes, sin privilegios, con eficiencia e independencia. En las demás personas, para que tenga sentido la solidaridad.

Nuestra herramienta es la cultura ciudadana: a cada acción un mensaje, con un lenguaje diferente, con una acción pública auténtica, con rupturas simbólicas y culturales que cambian comportamientos derrotistas y resignados, propensos a la solución de problemas por cualquier medio. Le apostamos al juego limpio, como respeto, sin intimidación de las normas de convivencia y la corresponsabilidad como aporte voluntario a una mejor sociedad.

Buscamos recuperar el Estado legítimo y los tiempos perdidos. Con conciencia de que cada día que pasa con menos violencia ganamos espacio para el avance social y cultural. Es así de simple, claro y realista.

Con cada paso recuperamos confianza, facilitamos el siguiente, reforzamos los comportamientos positivos, aumentamos el sentido de pertenencia y avanzamos sin retroceder. Es una tarea de paciencia, persistencia y convicción.

Los retos
¿Están resueltos los problemas? Por supuesto que no. ¿Es frágil? Si, pero cada día menos. ¿Tiene que ver la mejoría con la forma como hemos adelantado el proceso con el Bcn? Obvio, ese es un objetivo de este proceso. Nuestro modelo busca que haya una puerta de entrada, sin vuelta atrás. Nos comprometimos y nos arriesgamos, la ciudad y la administración les hemos jugado limpio a todos los participantes, hemos cumplido la palabra y seguiremos cumpliendo. Es justo reconocer que en la mayoría de las oportunidades nos han cumplido. Dificultades tenemos, pero los avances positivos nos enseñan que vamos por el camino correcto. Las comunidades todavía sienten susto, pero cada vez menos.

Algunos afirman que don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano) tiene el control de la ciudad. Sin duda que las estructuras criminales que existen en la ciudad, con su historia y sus raíces son parte del espejo doloroso y cruel de Medellín. Por eso, el Gobierno Nacional está negociando con ellos; por eso, nos comprometimos firmemente con el proceso con el Bcn y vamos a trabajar con los jóvenes que tocan a nuestras puertas pidiéndonos una oportunidad.

Esos grupos tienen poder para destruir y para intimidar, pero es un error craso asimilar ese poder a controlar, porque esta sociedad no la controlan con la muerte ni la intimidación. El paro del transporte de los días pasados obedeció a esa capacidad de intimidar, pero el comportamiento de la ciudadanía fue ejemplar, las autoridades están comprometidas con la administración y no nos dejamos arrodillar. Nos pueden hacer daño, claro: Ese no es ningún descubrimiento, pero nuestra apuesta está en que quienes entren en el proceso cambien ese poder por actividades lícitas y aporten como personas.

Medellín avanza y se transforma. Disminuye el poder de la destrucción. No entender el panorama completo, desestimar y minimizar los avances, obedece a la ignorancia, a la superficialidad, o lo que es peor, a la mezquindad de unos que no pueden aceptar que la ciudad se transforme, que buscan "logros políticos" desvirtuándonos a quienes acá vivimos y creemos en un futuro distinto apoyados en un presente que muestra mejorías sensibles, en un juego perverso que sirve para fortalecer los poderes ilegítimos que la negociación busca desmontar, creando ídolos ficticios para autosatisfacer profecías que destruyen.

Nos queda un camino arduo por recorrer, enfrentamos contradicciones y amenazas, pero estamos con las puertas abiertas para construir. Paso a paso, con realismo y claridad, Medellín deja atrás su dolor y avanza. Medellín tiene presente y futuro.
(*) Alcalde de Medellín

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