Siete meses bajo tierra, creando una obra en la sala de máquinas de la central hidroeléctrica de San Carlos, en 1982, ha sido la obra más difícil que ha realizado el maestro antioqueño Miguel Ángel Betancur Tamayo.
"Fueron siete meses en los que, con dos ayudantes, tallé la piedra directamente. La central estaba en construcción y los más de 350 trabajadores que me veían a diario me llamaban el picapedrero", cuenta el escultor.
Recuerda cómo se lo gozaban porque los martillos y cinceles que utilizaba eran tan pequeños comparados con la maquinaria pesada de la central. "Me decían que con esa herramienta no iba a ser capaz. Pero a los siete meses exactos, como lo había planteado, hice la entrega oficial de una obra de 28 bloques ensamblados y un peso de 184 toneladas".
Si bien reconoce que toda obra conlleva un grado de dificultad, no se arrepiente ni un segundo de la profesión que eligió. Una profesión en la que lleva 40 años dialogando con el mármol, la piedra bogotana -su preferida-, las terracotas y por supuesto el barro.
"Trabajar la piedra es iniciar un diálogo permanente con ella y a la vez exponerse a una obra espontánea. Hay momentos en que la piedra le dice a uno: por aquí no es, y uno echa mano de la malicia indígena y le busca otro significado a la obra", precisa.
Hoy a las 6:00 p.m., en la Sala de Arte Biblioteca Central UPB, en Laureles, inauguran la exposición De la piedra y el barro a la escultura, con 78 obras, 11 monumentales y 70 de salón.
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