En la columna de Ana Cristina Restrepo, "El fenómeno del niño", se refiere a la utilización que hacen políticos en coyunturas electorales de los temas de infancia, y para ejemplarizar su reflexión, utilizó mi nombre. Es injusto, porque además de imprecisiones como que he propuesto castigar a los niñ@s, la columnista desconoce que llevo muchos años trabajando sobre los temas de la infancia, especialmente los relacionados con la vulneración de sus derechos, desde mucho antes de ser elegida senadora. El principio de esa decisión de vida, es elemental: Los niñ@s son para mí el más importante capital social y humano de cualquier país que pretenda ser viable, sostenible y moralmente correcto.
En Colombia, al grupo poblacional que más le violan sus derechos es a los niñ@s y mientras esto suceda no me callaré. Durante décadas, en medio de la indiferencia social e impunidad jurídica, millones han sido víctimas de variadas formas de vulneración de sus derechos. Algunas socialmente aceptadas, como la explotación laboral; más de 1 millón de niñ@s son obligados a trabajar por adultos incapaces de responder por ellos mismos, y 800 mil se han visto involucrados, en cuatro años, en procesos de filiación, alimentos y custodias porque la responsabilidad paterna y materna es solo un discurso en el que no coincide lo que se dice con lo que se hace.
Enterramos cada año a centenares de niñ@s que son asesinados en episodios de violencia sexual y maltrato, algunos previsibles por el entorno familiar y ni siquiera se entera la sociedad. Hoy miles de niñ@s sufren solos e indefensos inimaginables maltratos físicos y atrocidades sexuales, y sus vidas han quedado marcadas para siempre física y emocionalmente; seguramente algunos reproducirán esa violencia, mientras cientos de sus verdugos siguen viviendo con tranquilidad, en medio de una sociedad y una justicia permisivas.
Esa realidad, las causas y consecuencias, hacen parte de la construcción racional de mi trabajo, acompañado del dolor que cualquier ser humano siente al conocer, como en mi caso diariamente, episodios que este país ni siquiera imagina y que cuando conoce olvida rápidamente. Es una tragedia humanitaria por ser una masacre diaria, continua e invisible, que hay que erradicar y por la que trabajo todos los días.
La política se debe ejercer en función del bien común y llevo años ejerciéndola de esa manera, de lo que me siento orgullosa. La vida me ha permitido estar en el servicio público y por razones que yo misma no entiendo, he sido elegida, especialmente como senadora, con una votación que no tiene sino una sola explicación, fue un mandato por los niñ@s. Por lo que siento que voy por el camino correcto, y lo confirmo, cuando en las calles personas del común me llenan de ánimo para seguir, porque saben que esta causa está llena de obstáculos, y percibo que no es emoción irracional lo que las motiva, sino que hemos logrado movilizar la razón y el corazón, para que hoy exista un compromiso colectivo, que permitirá pagar la deuda de no haber hecho lo suficiente y lo correcto, para lograr lo elemental: respeto pleno por los derechos de nuestros niñ@s.
La política es un medio para generar procesos y transformaciones, así la ejerzo, y por eso asumo el riesgo de tomar decisiones y enfrentar una extraña incomprensión de algunos que critican a quienes decidimos trabajar desde la política. Ojalá los niñ@s cuenten con más políticos comprometidos con sus derechos, no en fotos y discursos, sino dispuestos a dar diariamente las peleas necesarias, hasta lograr prevenir y erradicar la violencia contra ellos; y por supuesto lo que cualquier sociedad civilizada debe garantizar, y eso supone decisiones difíciles, como castigar a quienes no hacen lo correcto aun siendo adolescentes, y severamente a los adultos que liquidan el derecho sagrado a la felicidad de los niñ@s.
Es simple, tenemos derechos, pero también deberes.
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