No es la mujer maravilla, no tiene superpoderes, es una mujer del común. Maravillosas son también mi esposa y mi hija, además de muchas otras muy cercanas a mí, pero aquella mujer del común se ha convertido en una verdadera heroína que, además, nos deja muchas lecciones.
Se trata de Gloria Barreto, la mujer que se paró, con los brazos en cruz al frente de los subversivos, para evitar el atropello a los policías que cumplían con su deber durante los desmanes de los violentos que participaron en el "paro pacífico" de los agricultores. Esta mujer se enfrentó a los atacantes que lanzaban sillas y piedras contra los agentes del orden. Estos resultaron ser mujeres policías. Unas jóvenes que se enfrentaban a los subversivos con la sola defensa de unos escudos. La señora Barreto contó que pensaba en sus hijas como si fueran las atacadas y fue capaz de enfrentarse a esos violentos.
Esa actitud heroica nos enseña muchas cosas a los colombianos y nos muestra la vergüenza que sentimos ante lo que ocurre en el país.
En lugar de los policías proteger a la comunidad, es esta, la comunidad, la que debe proteger a la policía. No es cobardía de los miembros de esta institución tan querida por los colombianos. Suficientes muestras de valor heroico han dado hasta el punto de ser reconocidos como los mejores del mundo y son llamados a otros países amigos para divulgar sus conocimientos y actuaciones. El problema es que ellos saben que sus actos son criticados y condenados por algunos periodistas y sancionados con cárcel por la justicia colombiana.
¿Que ha habido excesos?, no lo dudo, lo vimos en una actuación en Barranquilla. Pero estamos hasta el tope de casos condenados por la justicia cuando los agentes del orden nos han salvado de los violentos. Cuando han salvado a las instituciones colombianas, caso el Palacio de Justicia, en donde los soldados ofrecieron hasta sus propias vidas para salvar a la misma justicia que ahora los condena. Caso Plazas Vega.
Escuché cuando una periodista le preguntaba a un policía por la clase de bala con la que hirieron a uno de sus compañeros. El interlocutor dio el calibre de la bala y ella, muy interesada en condenar a la fuerza pública, preguntó quiénes usan esa clase de armas para ese calibre. Por supuesto que la guerrilla, la subversión toda usa las mismas armas de nuestras Fuerzas Armadas, además de otras prohibidas por los organismos internacionales. Caso de las ametralladoras que oímos en el Catatumbo disparadas contra los policías que controlaban los desmanes de la turba. ¿O es que el cargamento de armas que venía de Cuba sí eran para reparación cuando se demostró que estaban buenas?
Nos tiene que doler que por la actitud de nuestra justicia y por los comentarios condenatorios del periodismo colombiano, sean los civiles quienes tengan que proteger a nuestra fuerza pública. Es hora de movilizarnos en favor de nuestras Fuerzas Armadas que suficientes sacrificios han hecho en favor del pueblo colombiano. Ellos merecen el apoyo de los hombres de bien. No los podemos abandonar.
Otra cosa: espero, como todos los colombianos, que el caso de Luis Alfredo Ramos se resuelva pronto y a su favor como confiamos que sea.
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