Con una cifra alarmante, la actriz Alejandra Borrero sintetizó la importancia de la exposición Ni con el pétalo de una rosa: "nueve de cada diez mujeres son víctimas de violencia conyugal".
Esta exposición, que lleva en su título un adagio popular que señala que a las mujeres no se les agrede de ninguna forma, es una muestra plástica conformada por 300 muñecas, casi todas de trapo, de las cuales 200 fueron intervenidas por hombres y mujeres de las comunas de Medellín y 100, por artistas nacionales y extranjeros. Es liderada por la actriz y organizada por la Corporación Casa Ensamble y la Fundación Plan, con el apoyo de la Secretaría de las Mujeres de Medellín.
Alejandra Borrero advierte que las cifras de violencia contra las mujeres se duplicaron el año pasado. Y señala que la mayor parte de los casos no se denuncian porque a las víctimas les da miedo o vergüenza hacerlo o terminan por creer que "se lo merecen".
"Por supuesto que esta situación tiene que ver con la reproducción de esquemas machistas en la familia y en la escuela", manifiesta Alejandra, y añade que es preciso buscar mecanismos para corregirlos y éstos tienen que ver con la educación.
Está convencida de que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, con su simbolismo, tiene recursos expresivos y múltiples significados que generan "un impacto impresionante en cada persona".
Abierta al público
La exposición ya la vieron en Bogotá el año pasado. Por eso, cuando le preguntamos cómo podríamos llevarle el mensaje a muchos de los agresores de las mujeres, que no van a exposiciones, ella dijo que parece que algunos de ellos sí han ido, a juzgar por las reacciones de algunos hombres cuando vieron la muestra.
Hay influencias del entorno y de los medios en esta conducta aberrante de maltratar -con palabras, golpes y discriminación- a las mujeres. La actriz cree que más que los medios, es el entorno. "Vivimos en una sociedad violenta", dice.
"Muchas personas creen que como falta mucho por hacer en este campo, para qué hacer algo, pero hay que comenzar". Señala.
Con la curaduría de Katrin Nyfeler, la exposición presenta muñecas sin rostro, con rostros golpeados y curados apenas con cintas de esparadrapo en cruz, con máscaras, encerradas en su caja, con letreros de "frustrada", con sangre, con círculos concéntricos de tiro al blanco, para el consumo con tetas de silicona y pestañas postizas...
En uno de los maderos que enmarcan a una muñeca doble, una con expresión triste y otra alegre, dice: "soy una mujer violada, ultrajada, sin futuro. No soy feliz. Me miro al espejo y veo a quien quisiera ser. Una mujer dueña de sí misma, libre para amar y ser amada, feliz y realizada", es la obra de Juan Manuel Jaramillo.
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