El muchacho manaba sangre por la cabeza y extendido en mitad de carretera daba la impresión de estar muerto.
En esa postura rígida sobre el asfalto duró varios minutos. Los que llegaron para ver al "muerto" ni se atrevían a acercarse, hasta que Nairo, por sus propios medios, se levantó del piso, recogió la bicicleta y se devolvió para su casa.
Ese, que relata en su voz de susurro y tono bajo, es uno de los tantos tropiezos que ha tenido en su vida deportiva, el hoy campeón del Tour del Porvenir.
El accidente que por poco le cuesta la vida, fue, quién lo creyera, un aliciente más, así los papás le dijeran, en su natal Cómbita, que el ciclismo era más peligroso de la cuenta.
Pero Nairo resultó cabeciduro, porfió, y ahí está como ganador de la carrera más importante del ciclismo joven del mundo.
Un título que le ha valido, en 15 días, empezar a tener una vida distinta, la que le permitió ir hasta Francia y triunfar con la camiseta del Café de Colombia-Colombia es Pasión.
La conquista lo ha llevado de las marginales carreteras de Boyacá a sitios nunca pensados por él y su gente.
Allí, al lado del presidente Santos en la Casa de Nariño, pudo comprobar cómo afloran las emociones en un mandatario cuando le hablan del terruño de su padre.
De poderle decir a ese hombre de carne y hueso vestido con la camiseta amarilla de líder, que el mejor regalo que le podría dar como reconocimiento a su triunfo, era trasladar de la zona de combate del Caquetá a su hermano, el soldado profesional Willington Quintana, quien ajusta seis años en ese lugar.
Y dentro de la larga lista de muestras de efusividad, que le causan asombro y admiración, tener la dicha de disfrutar de la visita en su casa de un humilde campesino santandereano que viajó desde los confines del departamento, para cantarle coplas y trovas, durante dos horas, para premiarle la notable conquista francesa. Ese, por fin, sí fue el verdadero relax.
Nairo goza y observa, mientras viaja de ciudad en ciudad. Ni siquiera ha podido entrenar lo que quisiera, pero ya se llegó la hora de ponerle el finiquito a la fiesta que sabe es pasajera.
Para su descanso, no tendrá que ir más de casa en casa en tierras boyacenses, para gozar con un almuerzo o una comida, "porque podemos compartir el orgullo de tener a un campeón conocido", aseguran allí sus admiradores.
Y sí, eso sí que es conocido el muchacho de 20 años de marcados rasgos cundiboyacenses, en los que están plasmados sólidas bases de campesino.
La fama lo invade. Cuando llega a algún lado no falta el ¡Usted es el campeón de Francia!, le dicen a Quintana, que se torna incómodo con tanta popularidad, porque, a veces, no le queda tiempo ni siquiera para hacer cosas tan humanas como ir al baño.
Pero él, tan bueno como el pan, agradece, porque la vida le ha dado la oportunidad de tener su cuarto de hora, ese que lo llevó anteanoche a la casa del ex presidente Álvaro Uribe en Rionegro, a quien le contó cómo vive su familia en Cómbita, así como las cosas que ha tenido que hacer su papá, Luis Guillermo, para sacarlos adelante, después de sufrir un accidente que lo dejó inválido.
Pero Nairo tiene las agallas suficientes para demostrar que nunca estuvo "muerto" y que hoy es un ganador, de él y su gente.
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